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El “cine de festivales” y un cine “invisible”

(Fotografia: pedrojperez)

Eduardo Beltrán Jordá

Desde el año 2006, según lo que he podido observar, solamente el cine que puede llegar al espectador algo más exigente (con el perfil del antiguo interés por el cine de arte-ensayo); el cine por fuera del mainstream, o el de culturas ajenas a la europea, norteamericana u occidental; es un cine  que casi exclusivamente se estrena en los festivales, o a veces directamente en DVD, en plataformas on line o en ciclos de filmoteca, para nuestra suerte.

Es el llamado también cine “invisible”, que no se estrena en salas o ni siquiera llega o se edita en DVD, pero que suele ser el cine favorito recomendado (con las mejores puntuaciones) por los críticos de una revista especializada como Caimán. Cuadernos de cine, en España.

Por tanto, si no eres un auténtico viajero del cine (porque hay festivales “casi” en cada ciudad de Europa), o crítico de cine, o acreditado periodista, casi no ves cine interesante, para mi criterio y para el de dicha revista. 

Es más, lamento que hasta las grandes ciudades que anteriormente tenían prestigio de cultura cinematográfica (como Barcelona, por ejemplo), ni siquiera estrenan “cine de festivales“, con similar frecuencia con la que este se produce; y las salas dedicadas a exhibir cine no comercial se despachan con frecuencia manteniendo una película hasta un año o más (1).

En Valencia se mantienen  películas en cartel varias semanas, estimo que por ingreso en taquilla; películas que no son en muchas ocasiones tan arriesgadas estética o socialmente. También observo que las películas de reestreno se simultanean, en otras ocasiones, con las de estreno por causa de lo que se expone: que existen películas atractivas para un público acostumbrado a cine de temas sociales o intelectuales, o romántico bajo estéticas de culto, etcétera, que ocupan el espacio y el tiempo de estreno, en cines ‘alternativos’, de otro cine más nuevo y comprometido con los modos de representación  cinematográfica, y por consecuencia más arriesgado socioculturalmente.

Bien es cierto que si funciona, está bien, es beneficioso para las salas, puesto que están en peligro de extinción, pero creo que una de las causas de que ocurran semejantes “sub-mainstrems” tiene que ver con los VALS (“Values and Life Styles”) y la “pedagogía de la rutina“, propio del marketing, que nos ha encerrado en la homogeneidad de las cubículos-capillas, tanto la de los centros comerciales como de los “cines intelectuales”.

Roman Gubern ha escrito un libro divulgativo y clarificador, sobre la evolución  de la cultura escrita y oral, Metamorfosis de la lectura (Anagrama, 2010). Hace referencia a la literatura best-seller, y en él se mencionan los llamados estudios VALS, mediante los cuales el marketing norteamericano, selecciona gustos y grupos sociales para inducirles la costumbre de consumo. De este modo les gustará aquello que se les ha “enseñado” a consumir, creando grupos de mercado (y determinación social y psicológica). Podríamos aplicarlo al cine comercial norteamericano o al cine más independiente.

¿Ni siquiera uno puede dejar de asentir de algo que no le guste y tener opciones de elegir otra cosa? ¿Ni siquiera se puede ser heterogéneo en un época de multidiversidad de todo pelaje. Quizás no estemos tan mezclados como aparenta la sociedad. Veo una máscara de eclecticismo cromático, únicamente, sobre voluntades de una misma intensidad limitativa, homogénea. Explicado con otras palabras: lo mismo daría ir a unos multicines de un centro comercial donde se ven blockbusters, que ir a unos cines no comerciales donde  ver historias amables sobre conciencia social, en cualquier parte del mundo.  

Supongo que la única posibilidad que nos queda son las descargas y las webs de cine on line o paper view. Pero hasta que no podamos todos (sin desfases culturales y sociales de progreso tecnológico; para ello no tendría que haber “terceros mundos”, ni en el “primer mundo”) tener una pantalla en la que veamos televisión + Internet y las cosas se pongan fáciles con cánones de derechos de autor… permaneceremos en la incertidumbre de un cambio de “paradigma audiovisual”, que es una realidad.

Pero, por favor, hagan los festivales todas las semanas en las salas de todos los cines. Ya es imposible: sería convertir las salas comerciales en filmotecas.

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(1) Como los textos se quedan obsoletos, el cine Zumzeig en Barcelona, me contradice, como cine ajeno completamente del circuito comercial, a un nivel europeo único en España.


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