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“Paisaje con puente” (Anglada Camarasa)

El paisaje simbolista fin de siglo XIX

“Paisaje con puente”, 1890 (Anglada Camarasa)

Eduardo Beltrán Jordá

Interpretación entre la historia del arte

Paisaje simbolista, pues su tema figurativo está cargado de literatura, -lirismo, poesía-, de narración subjetivo-emocional, de compromiso de inteligibilidad verosímil, subordinada a la exigencia espiritual -semántica- del sentimiento.

Es un modelo de paisaje preámbulo a etapas posteriores del mismo pintor, cuya tendencia a indicar será la ausencia paulatina de imitación de la naturaleza, que el mismo A. Camarasa se encargará de traslimitar,  incorporándose la imitación del “subjetivismo cromático”, como tantos pintores finiseculares europeos, algunos de ellos cercanos al “art nouveu” y al postimpresionismo: P. Sérusier, P. Bonnard, M. Denis, un primer Kandinsky, Joaquim Mir -etapa mallorquina-, Van Gogh, Klimt, Gauguin. Sin embargo, esta representación figurativa, con tema y formas naturalistas, aun está distanciada de la “pintura pura” sin condicionantes subjetivos (el artista, los sentimientos humanos), u objetivos (la verosimilitud natural, los objetos observados reales), la cual se ha considerado como actitud vanguardista.

Hermenegildo Anglada Camarasa (1872-1958) pasó de pintar este tipo de paisajes simbolistas, aproximadamente desde 1890, bajo la impronta de Modest Urgell (cuyos paisajes son los paisajes de la soledad) a realizar otro tipo de paisajes “modernistas (mayoritariamente mallorquines, mediterráneos, completos de lirismo cromático) desde 1914 a 1936 (c.a.). En éstos, su empastado cromático semejaba al entramado textil de la técnica artesanal de los tapices de diferentes texturas (y también a los esmaltes, quizás mucho más), por su abigarramiento de colores, y a los tapices de flores de temática valenciana -la cual también representará-. Por su sentido formalmente autónomo y de este modo su orientación decorativista, como ya digo, era similar a la función que desempeñaban los tapices flamencos renacentistas o barrocos. Todo ello junto al comienzo de la valoración de la pintura por sí misma. Debate este, denominado “arte por el arte”, comenzado por poetas y críticos de arte franceses en el ecuador del siglo XIX (Théophile Gautier, los poetas parnasianos, Baudelaire), y posteriormente destacado en el fin de siglo esteticista (el escritor, comediógrafo y esteta, Oscar Wilde, el pintor Whistler), y sobretodo Mallarmé.

Aunque este paisajismo mediterráneo-poético, ya quedaría fuera de la época modernista -incluso trasnochadísima bajo un punto de vista del arte nuevo-, Camarasa también pintó el tipo de escenas parisienses mundanas “belle epoque” (1900-14), con un sentido casi de decadencia fantástica, a medio camino entre la deformación expresionista, el ornamento modernista y los fantasmas vivientes nocturnos de malsana decrepitud psicológica.

Vemos en consecuencia, una evolución del paisaje-símbolo creado emocionalmente, destacando en su forma temática aquello que se percibe desde el interior del sujeto artista. Pasando por el paisaje modernista más decorativista, con una fuerte característica de independencia formal y estética (el llamado esteticismo, derivado de la teoría del arte por el arte, en la cual los valores estético-formales de la literatura y la pintura tenían o debían tener más preponderancia). Hasta llegar al paisaje o la composición donde la pintura ya se ha desprendido de cualquier tipo de dogmatismo subjetivo y objetual, para liberarse como “pintura pura”, ajena en sí misma, como se producirá en la vanguardia creativa europea entre 1900 y 1914 aproximadamente.  Uno de sus cénits lo protagonizaría la pintura-arabesco de Matisse entre  1908-17 aprox., donde el horror al vacío cromático es sensacional (1).

Su conclusión -la pintura ya ajena por sí misma a todo modo de representación- será la Escuela de Nueva York o el llamado “expresionismo abstracto” norteamericano (2), posterior a la Segunda Guerra Mundial, o el informalismo (abstracto) pictórico español, posterior a la Guerra Civil Española.

Pese al esteticismo, Anglada Camarasa nunca participará de lo vanguardista, aunque sí de cierto ornamentalismo lírico-esteticista, en algunos de sus períodos. Deteniéndonos en la emocionalidad de las tonalidades pastel de sus colores, que observamos en muchos de sus paisajes mallorquines, cabría pensar que cierta “nostalgia espiritual opaca” de Paisaje con puente, se transformó en “vibración estática” desde una “sensualidad espiritual” panteísta.

Interpretación personal

A mi parecer se muestra la confrontación materia- espíritu. Las metáforas de lo inmanente (la vida material es cómplice de la espiritual: en el cuadro, la naturaleza orgánica) o las metáforas de lo trascendente (la vida material que quizás no podrá participar del verdadero espíritu; en el cuadro el celaje incandescente de la luz espiritual).

El paisaje literario, narrativo, que expresa los sentimientos; y lírico, que los poetiza; y su drama comparativo de carácter filosófico: posibilidad o anhelo de comparar lo visible subjetivo, lo sensible perceptivo y lo inteligible espiritual.

¿Cuál es, y cómo, nuestro crepúsculo? ¿El dualismo (entre lo espacio-temporal o físico, y lo ontológico) destacado mediante un puente-arco que denota una frontera o una entrada, entre lo tangible y lo intangible? ¿La metáfora del ciprés, como alma del mundo natural y humano, que se muestra espiritualizada en su proyección vertical frente a la horizontalidad limitativa que separa ambos ámbitos?

No obstante es un paisaje naturalista-realista. Sabemos que pertenece a una primera etapa de aprendizaje en Anglada Camarasa, donde quizás, existen las capacidades de un sentimiento lírico-melancólico, que se corresponde a una elección lumínica de paisajes que tienen analogías con los tonos cromáticos de su emoción. En esta etapa su paleta aun es sombría. Recordemos que aun no había comenzado su etapa parisina, ni había aparecido la pintura “fauve”.

                                                                  •••

(1) Por ejemploLa habitación roja de 1908. La siguiente etapa 1917-1941, continúa con el decorativismo pero se incluyen novedades de género costumbrista o doméstico. Esta etapa ha sido revisada recientemente en el Museo Thyssen-Bornemisza.

(2) Sería muy equívoco pensar que por denominar expresionismo abstracto a un movimiento pictórico, se debiera obviar la doble componente significativa de la acepción -experiencia subjetiva y formalismo antinaturalista, gestual y/o cromático-, con lo que se acabaría retrocediendo desde la pintura abstracta de la segunda mitad de siglo XX (ideologizada, subjetivista y surrealista), al paisaje simbolista literaturizado o inteligible, del fin de siglo XIX (emotivizado, subjetivista y espiritualista), para confluir con una misma sensación: algo interno se debía plasmar; pero de por medio ya había desaparecido la narración por la acción, la descripción por el gesto.

Un pensamiento en ““Paisaje con puente” (Anglada Camarasa)

  1. Pingback: La pintura catalana modernista y su nostalgia espiritual | Idios Greco

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