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“Malcolm X” (Spike Lee, 2012)

Malcom X

Eduardo Beltrán Jordá

Barack Obama llegó a la presidencia de los EEUU en noviembre de 2008. El sueño de Martin Luther King (1929-1968) se vio realizado. Una persona mestiza, borraba la segregación política y social (a pesar de todo con reservas socialmente) de los ciudadanos estadounidenses de origen afrodescendiente, y por extensión reivindicó abiertamente, en su discurso de investidura, a otras formas de mestizaje racial norteamericano, tanto de nativos como de migrados, dejando claro la interracialidad del país estadounidense al que se disponía a gobernar.

Ahora cabe preguntarnos dónde quedaron las igualdades sociales, si por lo que observamos, Obama aún se tiene que ver ensombrecido por los grupos de presión económicos o ideológicos, desde los conservadores neoliberales a los republicanos tradicionalistas, en fin, por la economía de mercado y la política moral. Es un buen momento para observar si algo ha cambiado en la sociedad norteamericana y en sus valores humanos, después de la gran campaña política e ideológica de Obama entorno a los ilusionantes nuevos aires democráticos con tintes igualitarios, que para algunos -ingenuos informados como nostros-, nos parecían casi definitivos. Observemos que surgen cíclicamente enfrentamientos o conflictos entre los ciudadanos y habitantes afrodescendientes de algunas ciudades estadounidenses y la policía, pero en la actualidad persisten, aunque quizás sea ya más un problema de desigualdad socioeconómica, que  de integración o aceptación socio-racial. 

Al mismo tiempo, es una buena ocasión para volver a ver la película de Spike Lee, de 1992, sobre la vida del líder negro Malcolm X (1925-1965). Conspirador contra el statu quo racial norteamericano durante la época de los movimientos sociales de los años sesenta del pasado siglo XX, cuando el pastor Martin Luther King abogaba por la no-violencia de los ciudadanos negros estadounidenses, frente a la segregación racial blanca. Quizás Malcolm X se martirizó o lo “heroificaron” los que lo asesinaron. Martin Luther King fue mártir a ojos de muchos: sacrificado por una causa, como por ejemplo Salvador Allende, Monseñor Romero o Ignacio Ellacuría.

Lejos estamos de poder analizar el tema de las discriminaciones raciales en EEUU, con las herramientas que poseemos. Únicamente presentaremos una evolución ejemplarizante de un líder de opinión del colectivo afrodescendiente estadounidense, que devino en padre ideológico y religioso musulmán. Y aquí surge un nuevo tema de observación. A consecuencia del fundamentalismo radical que se hace llamar islamista (también yihadista), amenazante para los países con libertad de confesión y de opinión, en este primer cuarto de siglo XXI, podemos reflexionar, ayudados por este film, si Malcolm X puede ser una ejemplificación de los procesos que llevan de la intolerancia a la tolerancia, en cuanto a la religión y los extremismos ajenos a ella que se aprovechan de su integrismo, o que surgen del propio seno de estas organizaciones sociales dogmatizadas que han interpretado el entorno que comprende la espiritualidad y la trascendencia, para “enlatarlas” en preceptos y estructuras de comportamiento pragmático, psicológico y social. Podemos  observar dicho proceso ideológico (y espiritual) en la película de Spike Lee, puesto que Malcolm X es el núcleo de esta producción.

En opinión de Quim Casas, el film otorga demasiada calidad de mártir al protagonista líder, y ofrece secuencias admirables de reconstrucción histórica, de puesta en escena y fotografía de los ghettos urbanos de Boston y Harlem de principios de siglo XX, y de los años sesenta del mismo siglo. Spike Lee nunca esconde su afinidad con el ideario radical de Malcolm X, y presenta un “freso social sobre la conciencia de su propia raza“, según Quim Casas.

El personaje Malcolm X, en este relato, sugestiona por su evolución ideológica, pero porque es el valor al que deberían adscribirse los seguidores de cualquier religión, cuyo objetivo debería ser la paz personal y universal. Hijo de la opresión y el racismo blanco, de la delincuencia, la vida al límite y la supervivencia del ghetto negro. Racista, extremista y radical, se convierte en líder de los afrodescendientes mediante un discurso de separación e independencia arropado bajo la definición de congregación musulmana, fundada por Elijah Muhammad. Posteriormente se separa de esta secta y proclama sus propias ideas y pensamientos ayudado por su integridad (según la película), y la profundización de su fe en el Islam (descubrimiento de la fraternidad islámica), transformando su actitud y cambiando aún más su personalidad (apertura a la postura pacífica de otros líderes negros; acercamiento a los blancos que aporten ideas positivas). Finalmente, halla un convencimiento con una posición combativa basada en su racialidad cultural, su raíz, y no en la patología-manipulación-hipocresía sectaria. Posicionamiento éste, que intuía, molestaría a los musulmanes negros de los que se había escindido.

Esta confrontación con otras opiniones más extremistas, junto con una conspiración del FBI que le amenazaba de muerte, le llevaron precisamente a su muerte. La conspiración es propia del modus operandi de sectas que tienen como líderes a quienes se sienten como únicos escogidos para una causa en beneficio propio. En la película, su “eliminación”–como Martin Luther King posteriormente en 1968- se debió a un conjunto de intereses que Malcolm X empezó a denunciar. ¿Luchas de poder social y racial, tapadas, acrecentadas o alimentadas por el FBI? Las teorías conspiradoras donde el propio establishment es el que provoca el desequilibrio-equilibrio de las sociedades postindustriales, siempre están presentes, aunque nos de escalofrío pensarlo siquiera. La teoría que surgió detrás de los atentados de las Torres Gemelas en Nueva York, incidía en extrañas características de desplome de los rascacielos. ¿Reequilibrios de fuerzas poderosas y dinámicas de intereses transformados en compromisos beligerantes, disfrazados de democracias y orden? En fin, no poseeremos nunca la suficiente información.

Malcolm X es un mito por ser quizás el iniciador del orgullo de la raza negra, el incitador a la acción y a la violencia participativa del ghetto afroamericano. Al final, en la película, aparece como un mártir del colectivo afrodescendiente o una especie de Jesucristo negro que murió por denunciar la opresión de los ciudadanos de su misma condición racial en Norteamérica durante cuatrocientos años, que se hace extensivo al resto de la raza negra cuando en el filme aparece Nelson Mandela, casi justificando los medios para conseguir el fin, corroborado por una frase de Malcolm X: “cualquier medio es válido”. Una mirada beligerante -o pragmática- que sería interesante contrastar con los hechos narrados en la película Invictus (2009) de Clint Eastwood, y por supuesto con bibliografía crítica.

Spike Lee resalta la figura del ídolo del orgullo negro como príncipe del amor por su raza -con rasgos de panafricanismo-. Como ya mencionamos, lo más vehemente en este trabajo cinematográfico y en la vida del líder afroamericano, es la transformación de un adolescente sin escrúpulos –amante de la vida intensa- en un predicador fanatizado y moralizador con una vida de sacrificio ascético y familiar como último recurso para la eliminación del problema moral de su sociedad. Será la fase del converso. Y sometido a las ideas de un iluminado líder de una secta que propugna el racismo negro, la segregación de las razas como solución a los problemas, la proclamación del amor fraternal como “lavado de cerebro” (la fórmula de basarse en los libros sagrados, en este caso, las normativas morales del Corán), y la convicción del camino recto y limpio por parte del señalado -designado por la causa de un colectivo social, en este caso la raza afroamericana-, cuyo fin será cualquier ambición personal: poder, liderazgo, provecho de cualquier tipo. Desde esta etapa, Malcom X metamorfoseará en la profunda convicción, personal, madurada, reposada, no integrista: una lucha por una causa de igualdad, de justicia, con un sentimiento religioso verdaderamente fraternal.

En el film da la sensación de que el asesinato de algunos señalados líderes político-sociales que pusieron en tela de juicio los valores establecidos, fueron asesinados mediante conspiración por un grupo de interés u opinión, o por fanatismo. Aquí tendría esta película su drama, su injusticia, si es que los propios fanatizados a los que alentó y constituyó, y de los que huyó Malcolm X, fueron sus verdugos, contribuyendo el estado norteamericano y su inteligencia federal. Dicha sensación sobre el fin y la trascendencia en el liderazgo de los pueblos y naciones de los grandes líderes norteamericanos, tales como Martin Luther King, Malcom X, J. F. Kennedy, viene magnánimamente difundida por la propia maquinaria propagandística de la industria cinematográfica norteamericana. Es la conclusión-pregunta que siempre sobrevive en la incertidumbre: ¿existen intereses a los que no les convienen ciertas circunstancias, los cuales siempre son invisibles e innombrables, porque siempre permanecen en la oscuridad y nunca se los puede definir? El alto secreto es el cinismo de muchos países, tanto potencias mundiales como países en desarrollo.

La interpretación de Denzel Washington es extraordinaria. No hemos investigado qué capacidad de oratoria tendría Malcom X, pero es estimable el modo en que este actor representa el discurso del líder -propio de un agitador de masas-, empleando la metáfora -siempre moralizante y bíblica-, de manera certera e incisiva. El tipo de oralidad de Malcom X, que vemos tratada en el film, se asemejaría a la de Barack Obama por sus características “mesiánicas” e idealistas, ahora bien, más emotivas en el discurso del actual presidente de EEUU (1). Spike Lee y Denzel Washington ayudan espléndidamente a comunicarnos en el film, la ideología de Malcolm X. Spike Lee, de manera técnica, empleando los discursos de masas, entrevistas, ruedas de prensa, jugando con el blanco y negro y el color; como si fueran imágenes extraídas de la televisión de los años sesenta en blanco y negro -a modo de documental-, y con imágenes en color extraídas de la realidad, la de la narración fílmica del director.

(1) Se ha editado un libro (David Remnick, El puente. Vida y ascenso de Barack Obama, Debate, 2010) en el que se narra el ascenso de Obama al poder desde una mirada mítica, asociándolo con antecedentes mesiánicos (Josué), entre otras cosas por su excelente oralidad entre predicador y pastor, según opinión de Jordi Amat.

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Más información:

Según la investigación más reciente de Manning Marable, (Malcom X: A life of reinvention, publicado por Viking Penguin, 2011), es probable que Malcom supiese que iba a ser asesinado en su último discurso, en Nueva York, el 21 de febrero de 1965, puesto que no tomó las medidas de seguridad necesarias. En la película también aparece esa sensación. Supuestamente no le importó ser asesinado.


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