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“La música de Gion” (Kenji Mizoguchi, 1953)

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Ayako Wakao

Eduardo Beltrán Jordá

Para HC

Un monumento al amor entre dos mujeres. Un afecto y un cariño que brota de raíz plenamente humana. Si determinásemos más e intentásemos comprender este sentimiento, con voluntad de concretar de qué tipo de amor se trataría, si femenino o masculino, efectivamente, estaríamos hablando del amor femenino, abierto e incondicionado; si lo comparásemos al deseo de poder, masculino, concreto y conclusivo.

Miyoharu (Michiyo Kogure) y Eiko o “Miyoe” (Ayako Wakao) tienen en común un circunstancia que les une: la madre de Eiko (fallecida) era geisha junto a Miyoharu. Un antiguo cliente y más tarde futuro padre de Eiko retiró a su madre. El padre está en quiebra con su negocio, y la mantiene olvidada, sin ningún tipo de responsabilidad sobre ella; y Eiko no puede seguir viviendo con su tío. Acude a la antigua amiga y compañera de su madre, Miyoharu, y le pide el favor de enseñarle el oficio de geisha que vinculó a ambas amigas; y ser acogida bajo su protección. Así, Eiko se formará como joven aprendiza de geisha, representando un modelo característicamente nipon, como símbolo nacional y cultural (incluso turístico como se menciona en la película), y asimismo hará labores domésticas.

Photo of Michiyo Kogure as Yuki Shinano in the...

Photo of Michiyo Kogure as Yuki Shinano in the Portrait of Madame Yuki 1950 film. (Photo credit: Wikipedia)

Eiko, más independiente en su modo de entender los asuntos tradicionales en los negocios de las cortesanas, las casas del té y los hombres de dinero (o de negocios que son fuente de ingresos de los mencionados colectivos que viven de ellos), se siente humillada ante el hecho de tener que vender o entregar su intimidad-virginidad a un hombre que no desea o a uno que le repugna. La consecuencia es inmediata: serán apartadas del negocio “social” por el binomio casa de té y clientes masculinos -y sus intereses prácticos: resolver asuntos de dinero a cambio de satisfacción sexual y erótica-, por la incomprensión de Eiko y su rebeldía -incluso su firmeza femenina- ante un cliente sobrepasado de intenciones: Eiko le muerde, y ambos acaban sangrando en la resistencia de la aprendiz de Geisha a dejarse forzar.

Este cliente, Kusuda (Seizaburo Kawazu), será el que intente bajo todo pretexto que Kanzaki (Kanji Koshiba) firme un contrato cuantioso en nombre de la empresa para la que es jefe de negociado, y de este modo sea beneficioso para todos. En el momento en que Kusuda invita a las dos geishas a la capital para poder definitivamente poder cerrar el contrato con Kanzaki (con la sola condición que Miyoharu satisficiera a Kanzaki), será cuando ocurra la agresión mutua entre Kusuda y Eiko.

Tras este accidente, el modo de recuperar el trabajo de las dos mujeres protagonistas, el prestigio social y la cordura “moral” dentro del negocio de las cortesanas, será que Miyoharu pase la noche con Kanzaki, cliente obsesionado con su frialdad, síntoma quizás de que es diferente a las demás geishas con las que él se ha encontrado o, al menos, diferente a las que aparecen en el film, y por tanto, objeto de compra por la propia condición inhumana mediante la cual todo tendría su precio. Esta historia entre Miyoharu y este cliente se soluciona con una elipsis escalofriante, a través de la que se nos comunica la profesionalidad de la geisha y su veteranía, lo cual no es óbice para la honesta humanidad que demuestra con Eiko como contrapartida a la dureza emocional que supone el oficio.

Miyoharu finds Miyoei with Kusuda's blood on h...

Miyoharu finds Miyoei with Kusuda’s blood on her cheek after protecting herself from rape (Photo credit: Wikipedia)

Posteriormente a este suceso que dedica Mizoguchi al verismo vital (es en realidad de carácter realista o neorrealista como en los filmes europeos de los años cuarenta del siglo XX, por la sordidez humana), el dinero llega de nuevo a su casa y el amor de ambas mujeres (de tipo materno filial, fraternal, incluso, si se quiere, homosexual), es aquello que permanece insobornable: la dos mujeres se cuidarán, ambas lucharán para que la pureza de Eiko permanezca el mayor tiempo intacta, y tal vez a ser posible con un hombre al que desee. Sin embargo, “tomar un dueño”, un cliente para perder la virginidad, o para tener ingresos de un modo fijo al modo de protección a cambio de favor preferente, es norma habitual y estas mujeres estarán destinadas a su futuro.

Miyoharu entregará sus joyas al padre de Eiko, a pesar de estar arruinada económica, anímica y moralmente, a pesar de que éste no tuviese en cuenta a su propia hija, más que para poder extraer partido de su belleza, fama y juventud como geisha. Miyaharu realiza tres actos de amor hacia Eiko, entregando su bondad en todos ellos: aceptando vivir con ella y educarla en el sacrificado oficio que ejerció su madre y ella misma; ayudando al padre de Eiko en bancarrota y embargado su negocio; y entregando su cuerpo una vez más para lavar la imagen de aprendiza de geisha de Eiko (o la imagen estipulada como el modo de conducta profesional de las geishas), para poder sobrevivir económicamente. (1)

Eiko is prepared for her debut as a Maiko whil...

Eiko is prepared for her debut as a Maiko while Miyoharu supervises the arrangements (Photo credit: Wikipedia)

Bajo una narración temática machista, aparece robusto, inmarcesible, el amor femenino. Mizoguchi trabajó desde ideas marxistas pero con las narraciones tradicionales que provenían de antiguo y que se reelaboraban en el teatro Kabuki. El mundo de las geishas y una sociedad japonesa que valora el servicio estético-erótico, y sexual -como es evidente en toda esta película- bajo pago y extorsión, o el constantemente renovado ejercicio de la esclavitud sobre la mujer adulta y adolescente (aunque me temo que en este caso es consentida por la tradición), se podrían entender desde el punto de vista del determinismo materialista marxista que potenciaría el autor en sus varias de sus películas.

No se si es una película feminista, sí sé que el amor masculino está ausente, por su carácter de negación, por su impronta de desprecio. Ahora bien, ¿qué hubiese ocurrido si en vez de tener ocasión de hablar de dos mujeres, estuviésemos hablando de dos hombres, o de un hombre o una mujer?, ¿podríamos llamarlo asimismo amor femenino, por su carácter de imperturbabilidad ante las desavenencias extenuantes de la vida? Es posible. El amor de género femenino no solamente es exclusivo de la mujer; es el más humano.

                                                                  ************

(1) El director de cine Paulo Rocha comentaría al respecto de este tipo de fuerza abnegada del sacrificio: “Esa capacidad de extrema dedicación y auto-sacrificio tiene que ver con el capital emocional de cualquier japonés, y la capacidad de las personas para asimilar cosas muy violentas es muy normal.”

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