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“Candilejas” de Charles Chaplin: un Charlot existencialista

Tette y Calvero

Terry y Calvero

Eduardo Beltrán Jordá

Reír, llorar. Así es sencillo entender a Charles Chaplin. Candilejas (1952) es un melodrama tragicómico, por el cual se entiende la existencia como vitalismo, simplemente, junto al pensamiento del viejo clown, Calvero (un alter ego de Chaplin). La melancolía confesada, aparece en la desnudez emocional, creativa e intelectual. Limelight (Candilejas) es un re-memorable testimonio vital de un cineasta, donde es posible amar, crear y pensar, junto con un maduro Charlot.Amar

El papel de Natalie Portman como bailarina en Cisne negro (2010), de Darren Aronofsky, comparte –además del maquillaje de ojos– histeria creativa y  emocional, con “Terry”, la bailarina de “Candilejas“, interpretada por Claire Bloom. En palabras de Teresa Ambroso –”Terry” en Candilejassu histeria indica amor por el alma, la bondad y la tristeza de Calvero; la histeria de Nina, en Cisne negro, provoca aniquilamiento egoico y esquizofrénico. El amor mueve la vida; la existencia se mueve por el deseo, principio de condición necesaria –motor y motivo– de la voluntad, inapelable, en el pensamiento de Schopenhauer, y al parecer en las reflexiones de Chaplin. Sin embargo, ¿qué amor no se confronta a razón si invade sin edad, sin cuerpo –o a pesar de él– y sin fronteras físicas? Chaplin expresa por las palabras de Calvero los irritantes enfrentamientos de la dualidad y la polaridad: “A heart, a mind, what an enigma!”. Chaplin, con extrema habilidad, siempre es consciente de la expresión de relativa desesperanza que incorpora a su personaje en el film, en lo concerniente al amor –paradójicamente, idealizado/real, irracional/consecuente– de la joven mujer Terry por el casi anciano Calvero. Una indulgencia del cineasta, amarga aunque cautelosa, que viene provocada por la imposibilidad real, por el desencuentro del tiempo o la edad, y por la convención de la moral y respetabilidad, social y sexual; idéntica a la que el mismo Chaplin le tocaría vivir en la sociedad estadounidense: ese mismo tabú consensuado.

Crear

Morir en el escenario; morir siendo un comediante, siendo origen de uno mismo. Es decir, morir en el arte. Vivir en la eterna risa del espectador obteniendo la respuesta a la vida sin querer poseerla. Tomarse la comedia en serio, puesto que la vida es ya tragedia como para tomarla en broma, o, ya que la vida será como mejor entendamos la trágica seriedad con la que la creamos. El refugio o el alivio del peso de la tragedia sobre la realidad es el ideal de la creación aunque haya un fracaso, es decir, el reconocimiento interior –tácito– de la ebullición de ideas, y su fragilidad real, no formalizada, no verosímil. Obsérvese en este sentido, la manera en que Calvero imagina números cómicos y los escenifica en la representación final –homenaje a su propia figura cómico/teatral–, y de la misma manera, moribundo, reclama una despedida como conclusión de su último espectáculo para satisfacción del público entusiasmado, y para el éxito de la función.

¿Cuál sería la representación de esta tragicomedia?: la enfermedad del corazón por causa de las ideas creativas y la debilidad sentimental de las personas, o dicho en otras palabras, ese sentimiento que admite desde la cursilería hasta la trascendencia total. Vida y arte se unen siguiendo la línea de continuidad nietzscheana por la cual puede expandirse el campo de actividad del sujeto, cuya acción será su propia creación artística; el “gran estilo” de los románticos, los vanguardistas, los actores, los músicos…. En la película se muestra a Calvero imaginando el mundo del sentimiento, contiguo al de la actuación, en sus últimas palabras a Terry poco antes de morir. Imagina una gira por el mundo donde ella bailará ballet y él interpretará al cómico con nuevas ideas. Imagina el futuro amor entre Terry y un antiguo pretendiente –Neville (interpretado por Sydney Chaplin)–, ya vaticinado anteriormente en un diálogo previo entre ellos dos. El amor crea, aunque no sea, en apariencia, para uno mismo. Calvero, une audazmente, la conciencia moderna del sujeto creador con el amor, aquello que muchos artistas malditos nunca auto admitieron como una salida a la melancolía.

Por esto su contrapartida es el esfuerzo de la antinaturaleza: la genuina pasión del ser creativo que transita por el riesgo, en sus aspectos vitales: alcoholismo, bohemia, idealismo, artificio, autonomía del arte. Calvero ve como inevitable beber alcohol o vivir en la calle como músico ambulante, para liberar su propia verdad creativo/vital; para que la fuerza primitiva y creadora de la vida y la existencia, transite como su significado último y verdadero. Pero puede haber una contradicción, cuando el personaje se auto inflige el victimismo impostado por la vida metamorfoseada con el arte.

Pensar

Hay algo de existencialismo en las frases de Calvero, que resuenan en aforismos del pensar y del saber. Quizás Chaplin tiene presente en este film, su particular modo de reflejar, ácidamente (1), un pensamiento sobre la vida, desde la dureza del perdedor y el antihéroe, y que en ocasiones recuerda a la realidad entendida desde la interpretación occidentalizada del budismo zen que, por otra parte, tanto gustó a los poetas de la generación beat norteamericana, a saber, no esperar emocionalmente demasiado del fracaso o el éxito en la existencia, alrededor de sus esperanzas, es decir, no desear, origen del fracaso de la mente humana. Afines a éstas encontramos otras ideas en Candilejas: contemplar siempre la vida presente; la vida es deseo, no significado; las cosas no tienen relevancia hasta que asignamos nombres a las mismas; la lucha contra la vida es la lucha contra uno mismo (deduzco que se trata de la lucha proporcionada por nuestra tumultuosa mente)… Calvero recoge algunos pensamientos aforísticos de Charles Chaplin, tales como: “todos somos unos aficionados. No vivimos bastante para ser otra cosa”; “Éste [Calvero señalando su cabeza] es el mejor juguete que se ha creado… aquí está el secreto de la felicidad”. La imaginación será la gran fortaleza de Chaplin.

El viejo clown

Candilejas es asimismo un epílogo al cine mudo: los gags de clown  (la pierna colgante y la cojera dan fe de la agilidad física de un Chaplin ya en la sesentena) o ver a Buster Keaton y Charles Chaplin actuando juntos en un número final, de forma casi paralela a los Marx Brothers. Regocija poder ver unida su frescura cómica, tanto en diálogo (véase el comentario de Baster Keaton sobre “los viejos tiempos”, harto de que todo el que se acerca al camerino principal mencione el recuerdo de aquellos tiempos); como en la mímica teatral propia del cine mudo, una experiencia que les pertenecía, y que querían seguir demostrándola. La similitud con los números cómicos de los Hermanos Marx, viene dada por el juego del despropósito y de lo absurdo, tanto por la causticidad verbal como por la payasada escénica en algunas secuencias del film, el cual, es un testigo magistral del arte cinematográfico.

El olvido que sufrió Chaplin en EEUU en la época de su propia madurez física y profesional, y el semi-olvido de la época actual, que apenas consigue llegar con su amnesia emocional a nuestros lugares más remotos del sentimiento, amerita la revisión, el re-visionado.

***

(1) Recojo este calificativo de “ácido” que José Mª Latorre emplea en la revista Dirigido por (nº 350, p. 376), puesto que es válida para el tono de las opiniones de Chaplin en este filme.

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