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“Un Profeta”, (Jacques Audiard, 2009)

 

Eduardo Beltrán Jordá

 

Con películas como ésta uno suprime las palabras idealismo, humanismo, ética, moral… de su diccionario particular sobre la vida. Indicaremos algunos temas en este film, asombrosos, puesto que las propias actuaciones del ser humano en cuanto a su supervivencia se refiere, pueden dejarnos helados de terror, si algunos hemos pensado que somos más que naturaleza irracional:

1. El proceso por el cual un sistema carcelario puede formar a delincuentes en mafiosos. Un joven casi adolescente (Malik El Djebena interpretado por Tahar Rahim) entra en prisión por seis años y sale como una carismática figura, cabeza, de un grupo mafioso, sin aparentarlo apenas. Aquí recuérdese la última secuencia del film, cuando sale de la cárcel y saluda desde lejos al grupo que va a recogerle en un Mercedes y dos “todo-terrenos urbanos”, mientras se dirige a besar a la mujer y la niña de su antiguo amigo y socio en la cárcel, ya fallecido por enfermedad. A continuación los tres se disponen a alejarse andando desde la salida de la cárcel (despojados, sin un futuro demasiado halagüeño, aparentemente) en un plano travelling que retrocede conforme avanzan los tres personajes; aparecen por detrás, los tres vehículos, como una escolta -parece ser- del pobre muchacho, que sale como entró a la cárcel, pero convertido en un líder delincuente por méritos propios a base de un aprendizaje, cruel, de seis años.

2. El modo por el que desaparecen los límites entre quién es el verdadero delincuente y cuál es su condición. Si moralmente bueno o malo, si vestido de traje y corbata -quienes también aparecen en la película-, o con zapatillas podridas, como el protagonista…… en una sociedad tan compleja que uno mismo bien podría ser el mayor fuera de la ley, en comparación a un individuo cuya cabeza tiene precio. Sin ir más lejos, revisad la última película que realizó Sidney Lumet, Antes de que el diablo sepa que has muerto, con el malogrado Philip Seymour Hoffman, en la cual entenderíamos cómo ya no se sabe de qué manera se puede llegar a ser una persona -éticamente- desposeída de razón: el duelo entre padre y hermano mayor, en dicha película, es digno de una historia de terror psicológico, que llega a la categoría de mito cultural trágico, y además podría ser ejemplo de análisis de la moderna psiquiatría, desde una perspectiva ubicada en el estudio del parricidio, tanto mental o emocional, como físico.

3. La película nos muestra cómo el mismo sistema carcelario es un mero trasunto de la sociedad delincuente fuera de dicho sistema, es decir, en la vida pública y sus tramas ilícitas, independiente de privaciones de libertad; en una sociedad regida por las normas de la “legalidad”. Me refiero a la corrupción ejemplificada en la compra de privilegios a los responsables de un orden establecido, por parte de grupúsculos de poder, dentro de la cárcel entre funcionarios de prisión y presos, y fuera de la cárcel entre policía y delincuentes. Posiblemente aquí la película es limitada y pesimista en exceso.

4. La manera cómo el cine que representa las mafias ilegales (cualquier actividad delictiva organizada) abofetea constantemente nuestra hipocresía social: parte de la sociedad se traslada a los efectos narcotizados de las diferentes drogas día a día, al tiempo -y como consecuencia- de no soportar la realidad de una vida inaguantable en sí misma para muchos, por elección o por fatalidad. Los procedimientos de simulación de una vida buena serán un sistema de capitalismo de mercado y de bienestar socio-individual bajo el sello de las democracias, enterrando la cabeza bajo de la tierra en la faceta -inmisericorde- de “actos delictivos”, en menor o mayor grado, en la que todos y cada uno formamos parte.

En otras palabras, la sociedad que consume estupefacientes -origen de gran parte del crimen organizado en nuestras sociedades por su tráfico ilegal, insertado en redes mafiosas más extensas junto con otros ámbitos delictivos-, da pábulo a una doble moral, pues soterra la necesidad de olvidar los mencionados abismos vitales, como la angustia, el tedio, el desequilibrio y la desestructuración, mediante los narcóticos, pero persigue su movimiento y consumo, ética y legalmente. Roberto Saviano comenta que la cocaína es la forma más rápida de obtener liquidez en cualquier parte el mundo. Además, como ya he dicho, el narcotráfico vincula otros lastres, a saber, la esclavitud humana -prostitución-, el tráfico armamentístico, y redes extensas de negocios empresariales ilegales.

5. En la película se puede observar el modo cómo las familias culturales, religiosas, o étnicas, se enfrentan insoslayablemente a las bienintencionadas “entidades” éticas, legislativas y judiciales: estado de derecho, estado del bienestar, paz, democracia; y me temo que a aquella mayoría de edad de la razón humana, que nos “ilustraba” el propio Kant, y que ahora vería con melancolía (si se me permite la ingenuidad, después de haber visto una película decididamente “naturalista” por cuanto se refiere a los acontecimientos delictivos de un joven sin aparente propósito alguno en la vida). ¡Qué lejos estamos de este espíritu racional! De igual manera se está muy alejado de un ética de valores morales objetivos -normas, costumbres y leyes-, convenientemente dictados por una sociedad, frente a valores de ética moral subjetiva, tanto individual como de colectivos limitantes, que no se avienen a la voluntad de someterse a ética objetiva colectiva, ni a un acto de deber bajo la misma. Mejor dicho, que las familias delictivas con códigos éticos propios, se extralimitan de una sociedad moral conformada como mayoritaria, y únicamente obedecen a su ley moral autárquica.

6. Y de cómo las grupos con orígenes de semejanza étnica son el contexto idóneo para mantener como constante excusa (consuetudinariamente irracional) un modo de vida cegado por la presión de poder atávico que ejercen sobre otros grupos -sobornados de alguna manera-, y cuyo único fin es la protección colectiva para conseguir dinero fuera de la ley o en sus vacíos legales. Aunque según la película, tal vez sea otro motivo para seguir siendo animales, enjaulados, pero a diferencia de éstos seguir deseando poder, fuera de las jaulas. En ese sentido observar cómo el jefe corso se queda solo en la cárcel (por su larga condena es de suponer) pero quiere seguir dirigiendo su grupo delictivo.

No obstante todo lo escrito, la humanidad de Malik, surge, acunando con cariño a la hija de su mejor amigo en la cárcel y fuera de ella. Aquí se encuentra la paradoja del mafioso, asesino, y delincuente: mata y delinque por la supervivencia de lo que es suyo: su vida y sus seres queridos.

 

Un pensamiento en ““Un Profeta”, (Jacques Audiard, 2009)

  1. Hola, muchas gracias por tu comentario en mi blog, acabo de leer tu reseña y la verdad es que estamos bastante de acuerdo: el camino demasiadas veces no se elije, es él quien nos hace. Claro, esto puede conducir a justificaciones varias, pero así es. Además del contenido, la película me parecío un buen trabajo de dirección actoral y de cámara. Las tomas aéreas del patio de la carcel, la evolución del personaje, la descripción del mundo que le rodea y cómo el sistema juzga a las personas por su trayectoria y no por lo que son, cerrando las puertas a la reintegración y negándoles cualquier posibilidad de salir del hoyo. Gran cine, un saludo

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