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sabios tontos

“La inclinación tradicional del tonto para girar cosas al revés es, en Stultitia, reforzada por la capacidad erasmiana profunda de ver ambos lados de una cuestión. Invoca uno de los adagios más importantes de su autor, “el Sileni de Alcibiades” en que se argumenta que la esencia interior de cualquier materia es a menudo la parte contraria a su aspecto externo, algo aparentemente tonto puede realmente ser sabio, lo aparentemente sabio, tonto. Esto es, desde luego la base de su ironía; pero esto también es la carga de su mensaje. Ya que aplica esta técnica de la inversión a todos los aspectos de la sabiduría mundana, reexaminando aquellas virtudes y códigos de la conducta que el mundo da por supuesto para ser sabio, y demostrando tanto sus limitaciones como la sabiduría de sus contraposiciones tontas. Por ejemplo, ella aclama el Amor propio como su compañero más cercano, pregunta cómo puede amar realmente el cristiano a su vecino como él mismo, si él mismo de hecho no se ama. Del mismo modo, ella ataca la Prudencia, el enemigo tradicional de la Locura en la imaginería medieval, no simplemente porque no haya nada tan atrevido como la ignorancia, sino a fin de mostrar que la experiencia puede ser valiosa y que los juicios son siempre difíciles. Ella reconoce que sus ilusiones y autoengaños son tan importantes para el hombre como sus verdades; acepta las pasiones del corazón así como los motivos de la mente; y resuelve la antinomía antigua entre virtud y placer sosteniendo que el placer es una virtud. Estas estimaciones radicales de asunciones comunes salen del entendimiento humano, de la condición del hombre y en una creencia en la calidad esencial de la naturaleza humana, si no está corrompido por instituciones artificiales, falso aprendizaje, y perversiones de la voluntad. Una vez que el hombre se ha despojado de estas reclamaciones falsas de la sabiduría, se convierte en un receptáculo apropiado para recibir la sabiduría de Cristo, que es la única sabiduría verdadera. En la conclusión de su gran discurso, Stultitia invoca la figura del Tonto en Cristo, sacado de San Pablo y Cusano, y prescribe una simplicidad pietística del corazón como el modo verdadero de adivinar la sabiduría. Es más, ella con eficacia sostiene que, para ser un hombre se debe ser tonto; cuando el Hijo de Dios aceptó el papel de la debilidad humana, Él se convirtió en el mayor de todos los tontos.”

(Leandro Barbero)

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