Inicio » Cine » “Salvajes” (Oliver Stone, 2012)

“Salvajes” (Oliver Stone, 2012)

Oliver Stone

Oliver Stone

 

ESTE ARTÍCULO ESTÁ SISTEMÁTICAMENTE COPIADO POR LOS TRABAJOS DE ESTUDIANTES Y POR MONOGRAFÍAS PLUS+. COPIAR ES UNA COSA, CITAR LA FUENTE DE DONDE SE EXTRAE EL CONTENIDO, ES OTRA. SI ERES ESTUDIANTE, TU PROFESOR TE HABRÁ ENSEÑADO A MENCIONAR LAS FUENTES DESDE DONDE COPIAS O TE INFORMAS, SI NO ES ASÍ, ENSÉÑALE TÚ O QUE TE ENSEÑE ÉL CÓMO SE CITAN LOS TEXTOS PARA TRABAJOS, TANTO DESDE INTERNET COMO DESDE LOS LIBROS.

 

Eduardo Beltrán Jordá

(¡atención spoilers!)

Salvajes de Oliver Stone no intenta dar cuenta de los términos “primitivo” o “salvaje”. En realidad presenta algún aspecto de ellos. Sugiere algo de ambas temáticas a modo de una (ya habitual) autoliberación en su cinematografía, haciendo uso de su ideario, que recurre, una vez más, a la violencia insoslayable en el ser humano, y a la contracultura hippy, o a sus desideologizadas “permutaciones” contemporáneas.

¿Qué será salvaje en esta película? Quizás un estado primitivo al que algún día volvamos -tal y como comenta Ophelia, la coprotagonista femenina del film, interpretada por Blake Lively–, donde se pueda “comer, beber, amar” y drogarse con un cannabis de alta pureza (1), o amar en trío, en el cual la mujer es el nexo entre lo espiritual de Ben –interpretado por Aaron Johnson– y lo terrenal de Chon –interpretado por Taylor Kitsch–, todo ello en lugares-paraíso noroccidentales (California), o si se enturbian las cosas con sangre, en zonas del planeta donde aun existen naturalezas salvajes y hombres y mujeres asiáticos o africanos.

Quizás será permanecer en la crueldad, y seguir asesinando vidas como si no existiese mejor mecanismo que el manifiesto de la sangre y la brutalidad (tanto para mejicanos como para norteamericanos en el film), para verificar que “nacemos muertos”, uniendo bajo esa aseveración fatídica (es una idea más para la pareja norteamericana de productores de marihuana a pequeña escala, que no para el cártel de mejicanos donde impera el imperecedero “código” de dinero criminal); uniendo así, en la aseveración de nacer muertos, el antiguo código del guerrero japonés y las sabidurías ancestrales. El primero se basa en la seguridad que da la equanimidad de la ausencia de miedo a la muerte. La ansiedad por la muerte es el deseo de no morir, es la consciencia del deseo que limita una paz vital a la que se compara con una muerte en vida. (2) En el hinduismo, la simbología del dios Shiva, está relacionada con la destrucción y la creación, ambas caras de una misma realidad dualista. La vida y la muerte son la misma rueda cósmica y no hay mucho más que pensar, ni que temer, ni que justificar.

Dualidades y ambivalencias

Se muestran en la película, unos modelos tendentes a lo arquetípico que reafirman la pareja de protagonistas, como un yin y un yang, como la idea de que el mundo te cambia (Chon) o que puedes cambiarlo (Ben); que toda violencia –entendida como mal– reside junto al bien, y en medio, una tremenda ambigüedad a la que se incorpora la falsa o hipócrita protección de los estados tras el control policial –representado por el agente corrupto que interpreta John Travolta en su línea más caradura y auténtica como actor–. (3)

Inclusive en los dos finales del film que plantea la narradora –Ophelia, la protagonista norteamericana, autonombrada “O” para negar la tragedia shakespeariana–, se puede notar una doble dirección del director, en cuanto a actitudes prototípicas, fuerte-débil, positivo-negativo.

El primer final termina de modo negativo, es decir, se anulan los esfuerzos de seguir viviendo. La muerte del trío amoroso es trágica pero romántica, semejante a un final imaginario a lo Bonnie and Clyde (Arthur Penn, 1967) pero de tres amantes, o similar al de la película Dos hombres y un destino (Roy Hill, 1969), citada de modo explícito. En este final todos mueren asesinados pero con paliativos del dolor (inyecciones clavadas, más que inyectadas por Chon, tal y como haría un marine estadounidense en guerra); recuerda al suicidio de la Ofelia de Shakespeare –como comenta ella misma–, que está representado en la pintura de Millais. Es el final deseado según Ophelia.

El segundo final es positivo. Se da una oportunidad de vida a todos los protagonistas. Los delincuentes del narcotráfico –bajo órdenes de su “madrina” Elena, interpretada por una “empelucada” Salma Hayek, y bajo la mano agresiva y desalmada de Benicio del Toro–, son detenidos por la DEA. Los dos norteamericanos son detenidos también, pero se les permite “desaparecer” para vivir una nueva experiencia salvaje o primitiva en África, junto a su amante.

En consecuencia, se puede notar al mismo tiempo la ambivalencia temática sobre lo salvaje y/o primitivo de la película. Un polo del tema salvaje en su modo negativo: la anulación, la muerte por violencia; o el polo opuesto del tema salvaje, que esta vez posibilite una nueva forma de vida primitiva.

Redenciones y exorcismos

Esteve Riambau comenta como destreza del director norteamericano: “moverse por el filo de la navaja entre la denuncia y la complicidad tiene sus riesgos y Stone es un especialista en atravesar este tipo de maromas.” (4) En esta película sigue en esa constante, aunque más despreocupado; y se denotan sus códigos resumidos, blanco o negro, como identificativos. En este sentido, Marga Durá (5) subraya en el cine de Oliver Stone, la dualidad sobre conceptos, adjetivos y sustantivos, como oscuridad y color, apoyándola en el aprendizaje de los valores familiares, la severidad paterna, o la libertad materna.

Salvajes (Savages, 2012) se incluiría en  la línea de films como The Doors (1991), Asesinos natos (Natural Born Killers, 1994), Giro al infierno (U-Turn, 1997). Siguiendo a Marga Durá, el cine de Stone revela la redención del fracaso bélico personal y nacional vivido en Vietnam, y el exorcismo de sus temores, o fantasmas –el “otro” en tantas de sus películas–, y vidas no experimentadas.

En el cártel mejicano no parece haber redención, pues al traidor, después de ser torturado, se le quema vivo rociado de gasolina. Ni exorcismo, por mucho que se invoque a la “Santa Muerte” (al esqueleto humano vestido de una especie de santa o virgen). Sí parece haber salida de la muerte y la moral, en el amor de la relación a tres de los norteamericanos, pues huye del horror vital con la potencia de un romanticismo extenuante y aniquilador, en el primer final, o con su posibilidad de convivencia edénica, casi imaginada, en el segundo.

Quizás exista en esa película, un tipo de redención hacia las vidas no vividas del director, y que en todo caso tendría que ver con la exorcización del miedo del cineasta a ‘morir moralmente’, en una espiritualidad personal salvaje, como un primitivo. Es decir, que es posible que gracias a esta película Stone se personifique en su protagonista femenina, Ophelia, para ‘conjurar’ su libertad moral y vital maltrecha, de dos maneras, sin tabúes, por una parte finiquitarse con sus dos amantes, o por otra, seguir siempre unida a ellos, pero esta vez en vida.

Imaginemos que Ophelia fuese un trasunto de Oliver Stone, y encarnase en el doble final de Salvajes la doble lectura desinhibida de lo fundamentalmente libre que es ser primitivo, en tanto en cuanto se ha liberado de convencionalismos, aunque no de los dualismos formales, por ejemplo, negación-afirmación, oscuridad-claridad. Morir acompañado o vivir acompañado por la amistad y el amor, será doblemente redentor.

¿Un Oliver Stone más juvenil?

Según comenta Scott Foundas en la entrevista a Oliver Stone para Film Comment (6), es la mejor película del director en años. Con un renovado ímpetu juvenil, Salvajes seduce por la acción bélica y la tensión del thriller, las secuencias de suspense, los tratamientos comunes de las películas de narcos –tentativas, espionajes, escoltas, prevenciones y descuidos, control y azar, juegos a vida o muerte entre la simulación, lo verosímil y lo real, lujos y limitaciones ascéticas por una causa pragmática, violencia extrema irracional–, la tensión de sentir quien morirá antes y cómo, las panorámicas aéreas y de larga distancia, la tecnología informática como instrumento manipulador al servicio de los narcotraficantes (o las renovadas inteligencias de grupos delincuentes conforme a la utilización de lo tecnológico para ganar tiempo, llegar antes que el enemigo y ganar más dinero), el humor irónico y los colores intensos y abundantes, los cuales, según menciona Stone en dicha entrevista, quiso sacar de Duelo al sol (King Vidor, 1946) o de El desprecio (Godard, 1963).

Existen pasajes y actitudes casi ingenuas en comparación con otros de los films de Stone –Asesinos natos por ejemplo–, pero es así como Oliver Stone provoca la lectura cinematográfica de lo real. Parece que en esta película no quiere demostrar nada, sino reconstruir sus espacios creativos virginales, dándole cierta propensión al comic, al spaghetti western, a un cine en ocasiones inverosímil, inquieto cuando profundiza en sus proposiciones argumentales, estereotipado si se quiere, pero con preferencia por la planificación y el montaje, dinámicos visualmente y estéticamente.

La conclusión es la pregunta comentario que le hace Scott Foundas a Oliver Stone: “Salvajes parece el trabajo de un cineasta renacido. Si la ves sin saber quién la ha dirigido, podría pensarse que es obra de un primerizo mostrándonos todo lo que sabe hacer, por si no pudiera volver a tener la oportunidad de hacerlo.”

Benicio del Toro

Benicio del Toro

***

(1) Stone siempre ha considerado a las sustancias estupefacientes o drogas, necesarias para sobrevivir, es posible que añadiendo ese ingrediente a la postura primitivista, a imitación de las culturas primitivas, ancestrales, chamánicas, o animistas.

(2) Sobre esta idea hablará y escribirá en numerosas ocasiones Alan Watts, uno de los padres de la contracultura hippy, que provenía, como sacerdote, del protestantismo, del cual se separaría de un modo muy consecuente con su evolución vital, muy reflexionada y repleta de experiencias (recomiendo la lectura de sus Memorias editadas por la editorial Kairós). Mantuvo contacto con maestros espirituales como Krishnamurti, con la corriente esotérica de Madam Blavatsky, con la psicoterapia, y descubrió el budismo zen por maestros heterodoxos y el taoísmo como fundamentos de su trayectoria como “guía espiritual”.

La idea de perder la vida o morir en vida la recuperaba de las diversas sabidurías espirituales y religiosas, donde, desde el lado psicológico, se destacaba el hecho de perder el control mental del ego humano, sobretodo el occidental, para poder entrever un testigo  -o yo superior- detrás del ego temporal, centrado en el presente -atemporal y eterno-, mediante diversas técnicas yóguicas, zen, etc.

(3) El talento de Oliver Stone es reconocido por su capacidad para dirigir actores y sacarles el mejor partido.

(4) Dirigido (nº 228), Octubre 1994, p. 26.

(5) “El cine como exorcismo”, Dirigido, nº 403-404, sept.-oct., 2010.

(6) Recogida en Caimán. Cuadernos de cine, nº 9, Octubre de 2012, p. 42-44.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s