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La pintura catalana modernista y su nostalgia espiritual

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“Jardí abandonat”, Santiago Rusiñol, 1898.

Eduardo Beltrán Jordá

Una selección de pintura entorno al denominado modernismo  catalán, se exhibió en Valencia desde el 15 de marzo al 27 de junio de 2010. Básicamente divulgativa, “De Gaudí a Picasso”, la muestra que tuvo lugar en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, expuso la pintura catalana -comprendida entre los años 1880 y 1910- como principal objetivo. En este texto trazaremos un itinerario alternativo al de la propia organización expositiva, que se halla intrínseco a la mirada entorno a “lo ausente” de los pintores modernistas. Lo ausente, como metáfora,  tendría como base anheladas referencias espiritualesy además, la soledad.

Elementos del Modernismo catalán en la exposición

La exposición comprendía elementos esenciales dentro del Modernismo de los artistas catalanes, tales como las tertulias efectuadas en el café Els Quatre Gats, entorno al cual imaginamos los personajes de la época, excelentemente retratados por Ramón Casas a carboncillo, y al mismo tiempo, por un joven Pablo Picasso. El mismo Casas, y Santiago Rusiñol -ambos desde un estilo pictórico tardonaturalista-, y un joven Julio González -dibujante de personajes “belle epoque” y “cabaret”-, aparecen vinculados a los ambientes de la vida moderna propiciada por la ciudad de París.

Se relaciona a Gaudí con el “Cercle Artístic de Sant Lluc” desde donde se entiende el destacado compromiso religioso de Gaudí, concretamente, bajo una corriente espiritualista y simbolista general. A dicha corriente proveniente de Europa, se ha incluido a Joaquim Mir y Anglada Camarasa, adoptando en sus paisajes términos pictóricos o lenguajes técnico-artísticos del Jugendstil alemán o de la Sezession vienesa, tales como el decorativismo y el anti- naturalismo cromático.

En un sentido muy extenso, el Modernismo es un período a caballo entre el siglo XIX y el XX, cuando se produjeron la muestras indicativas del movimiento Art Nouveau europeo, con características regenerativas sobre la expresión artística; y a cuyos ejemplos en España y Cataluña se les ha denominado, desde la historiografía del arte español, como propios del Modernismo hispano y, en el caso que nos ocupa, del Modernismo catalán.

El Modernismo hispano y el malestar vital en la expresividad artística

El Art Nouveau como movimiento artístico -arquitectura, literatura, artes menores, pintura- en el ámbito europeo, se definió inserto en una corriente cultural idealista, incomodada, importunada por el progreso materialista, caracterizada comúnmente por ser anti positivista y anti burguesa.

Propició que en las coordenadas hispanas, este clima de elementos espirituales se adoptase con un sentimiento nostálgico sobre la ausencia de aquellos, diferenciándose del europeo bajo un aspecto más emocional: la melancolía de una pérdida o carencia, difícilmente reversible.

Así, no solamente cabría mencionar la vertiente histórico/política -la pérdida de las últimas colonias hispanas-, como anécdota referencial de la desaparición de algo más que un espacio geográfico e histórico, sino que, se podría decir, que se desvanecía una entidad cultural y temporal. Además deberemos hablar de la ausencia de cierta tradición espiritual, debido en gran medida a la materialización e industrialización en los aspectos vitales. Ausencias y carencias espirituales que referenciamos con las pinturas expuestas.

Ausencia de narración en el cuadro: hacia el simbolismo del concepto soledad

Alrededor de la obra pictórica de Santiago Rusiñol, gravita una paradoja estética entre un lirismo y un estatismo, de composición y temas, difícil de determinar. Es una especie de vibración sentimental, muda, casi gélida. En sus encuadres, nos ofrece aquello que se asemeja a una ausencia de referencias emocionales, descriptivas y anecdóticas, pero deslumbra con su sentimiento en los rasgos de estilo formal y pictórico (en el quietismo compositivo de los objetos representados, en la pincelada sobria, en el color -en ocasiones lúcido o irreal-, en el naturalismo melancólico). Y dicha emotividad sorprende, además, en la temática de lo solitario.

Refleja un simbolismo de concepto, abstracto -desde la ejecución artística y creativa-, y así mismo, comparativo -desde los temas representados, sin narrativa-. El primero representa la idea de la ausencia desde los rasgos técnico-artísticos, y el segundo establece analogías temáticas entre el abandono de lo pintado, y la soledad o el olvido de lo ontológico (del ser en sí).

Se puede observar este simbolismo moderno en la ausencia de patetismo y la soledad de una mujer en La casa de préstamos (1889), o una muestra de la soledad abstracta en Jardí abandonat (1898), o la soledad melancólica de El bohemio (1891).

Ausencia de la religiosidad tradicional: una indefinida nostalgia espiritual

Las ideas y creencias sobre la materialidad real y la trascendencia ideal, se secularizan desde la expresión artística del artista moderno, principalmente desde el 1880. Sus antecedentes fueron los artistas románticos. Es decir, dejará de ser institucional y ortodoxo el planteamiento humano de lo que muda, y lo inmutable, para hacerse intensamente subjetivo, a través del proceso artístico. La personalidad expresiva de los pintores, demostrará una actividad de carácter nostálgico, sobre aquello que es espiritual.

El pintor catalán Anglada Camarasa aporta la inquietud espiritual al arte pictórico simbólico finisecular. Por ejemplo, Paisaje con puente (1890) es una pintura que muestra la fuerte tensión dualista de una época, entre lo utilitario y lo espiritual, componiendo un paisaje dividido cromáticamente, y conceptualmente. Una escisión entre lo físico (la naturaleza orgánica, limitada como horizonte con un puente o entrada a lo trascendente), y lo metafísico (la luz celeste); entre la perecedera materia y la inmutable trascendencia. Tal ruptura solamente parece ser transformada por la ascensión de un ciprés, quizás como una metáfora del alma humana.

Rusiñol en Pulvis, cineris, nihil (1894), con una técnica-temática naturalista y lírica, pinta la incineración de ataúdes en un cementerio, y tal vez simboliza la ausencia o la reducción a cenizas, de un consuelo religioso que, hasta el momento, proporcionaba el cristianismo.

Ausencias morales, la orfandad social

Desheredados (niños) y desprotegidos (marginados), son ejemplos de una sociedad urbana que comienza a evidenciar sus lacras tanto en la diferenciación social, como en la ausencia de amparo moral, provocadas por un cambio económico-estructural; por el materialismo positivista, la industrialización y la tecnificación. Véase Paisaje urbano con figuras (1903), de Lluís Graner; Pobre valent (1896), Gitanas sentadas (1905-7), de Isidre Nonell. Éste último desde un naturalismo lírico hasta un fatalismo expresivista.

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