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Schopenhauer, la voluntad vital y el arte

Schopenhauer y su caricatura por Weltasche

Schopenhauer y su caricatura por Weltasche

Eduardo Beltrán Jordá

Arthur Schopenhauer (1788-1860) fue nuestro antecedente intelectual en discernir que la poderosa voluntad de vivir es el fundamento de nuestra existencia. Pesimista en el sentido de entender esta verdad como irreductible, también nos precedió en buscar otras explicaciones para las extenuadas soluciones filosóficas -sobre lo absoluto– de nuestro Occidente histórico y cultural. Lo hizo incorporando a sus estudios las sabidurías cosmológico-religiosas orientales y milenarias, como el Hinduismo. En este artículo veremos cómo, mediante el arte, aún es posible alguna satisfacción plena para intentar doblegar la intransigencia de la vida.

El pensamiento pesimista: contextos e influencias

En 1819, año de la publicación en pleno Romanticismo de su obra más importante El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer no tiene una incidencia real en el pensamiento europeo: su pesimismo ontológico (del ser en sí), radical, es la negación del pensamiento utópico de su contemporaneidad histórica. Es decir, el de la confianza en que las ideas podrían cambiar la realidad. Ideas, que eran, por tanto, revolucionarias e idealistas, y que entraban en plena contradicción con la inexorabilidad de los planteamientos vitalistas e irracionalistas del pensamiento de Schopenhauer.

Es precisamente con el fracaso consecutivo de las revoluciones y la imposibilidad de transformar la realidad -desde La Revolución Francesa (1789) hasta la Comuna de París (1871)-, y la traducción francesa de su obra, alrededor de 1873, cuando tendrá una influencia real en el pensamiento europeo hasta nuestros días. También es notable su impronta en las ideas de Nietzsche y en las manifestaciones artísticas, desde la generación simbolista fin de siglo XIX, hasta la actualidad.

Las influencias de Schopenhauer serán:

  • Platón: Teoría de las Ideas
  • Kant: concepto de idea estética y cosa en sí
  • Los “Upanishads” y el brahmanismo hindú

Existen paralelismos entre el pesimismo ontológico de Schopenhauer, con Giacomo Leopardi (1798-1837) y Charles Baudelaire (1821-1867); similitudes e identificaciones que pudiéramos darles, pero no sabemos hasta qué punto estos poetas conocieron la obra del filósofo.

El drama humano: la Voluntad

Schopenhauer habla de la voluntad o aspiración infinita de vivir del ser humano. El “incesante y ciego impulso” de vida es demoledor; contra todo obstáculo, no permite la pregunta dialéctica entre el sujeto y el objeto porque, literalmente, pasa sobre ella.

Esta insaciabilidad infinita vital, esta fuerza que se impone, lleva a la inevitable reflexión filosófica, a esta dialéctica que será imposible, la cual surge por la atracción de conciliar opuestos y, por contra, de la imposibilidad y contrariedad de conciliarlos. Ejemplos de esta reflexión filosófica:

  • Lo limitado (capacidad finita) frente a lo ilimitado (deseo infinito)
  • Instintos frente a espíritu puro
  • Realidad frente a deseo

El resultado de tal paradoja será dolor, sufrimiento y aniquilamiento, por la consciencia de la limitación de la vida humana (el carácter incompleto e imperfecto de ésta). El origen de nosotros mismos nos lleva a la desgracia y el pesimismo ontológico, a la rabia y la infinita tristeza.

Ejemplos de la trágica contradicción de la vida del ser humano: la imposibilidad de saciar lo absoluto, de trascender su naturaleza humana:

  • Baudelaire y lo inexorable como irreversible e irremediable
  • Los poemas de Giacomo Leopardi
  • T.S. Eliot (1888-1965) en su obra Tierra Baldía.

El origen de la contradicción es la cosa en sí que se asimila a la Voluntad y que Schopenhauer definiría como: “la voluntad que encontramos en nuestro interior es lo anterior a sí mismo y al conocimiento” y cuyas características son:

  • Origen y fundamento del ser humano (cosa en sí): un conocimiento más exacto, profundo e íntimo; como una fuerza natural.
  • Esencia del mundo y núcleo de todos los fenómenos.
  • Impulso ciego, inconsciente (según nomenclatura de Freud), infinito e incondicional; sin razón, ni causa, ni necesidad.

¿Qué hacer con la tiranía de la voluntad de vivir y lo insaciable?

Schopenhauer unió la teoría estética de la “contemplación” -también llamada teoría del “placer estético”-, consistente en la subordinación pasiva del sujeto a los objetos, incorporándola a sus planteamientos metafísicos, considerándola consuelo de una voluntad insaciable.

Existen estados de aquiescencia o de felicidad instantánea y fugaz conseguidos a través de la experiencia estética, la práctica artística, e incluso el conocimiento. Momentos de retirada de la voluntad; cuando podemos liberarnos de ella; momentos de quietud, reposo y contemplación. Ejemplos y analogías:

  • Toda la experiencia estética del simbolismo y el esteticismo fin de siglo XIX, consistente en liberarse del aburrimiento (el tedio de lo acostumbrado, burgués).
  • La obra de arte nos proporciona el equilibrio de la voluntariedad.
  • El brahmanismo y sus prácticas ascéticas. La comparativa con el Budismo zen: la no implicación de la mente egoica o del deseo.
  • La experiencia estética y la experiencia de la Belleza de Kant, con carácter de desinterés o de no utilitariedad.
  • La experiencia ontológica trascendental: ver la vida desde un punto de vista desacostumbrado era una característica del estado estético de Paul Valéry, y en Marcel Proust vemos en su obra En busca del tiempo perdido, el incesante recuerdo de una conciencia anterior a la suya, fijando de esta manera lo huidizo.
  • La evasión de los “paraísos artificiales” de Baudelaire provocados por sustancias tóxicas (hachís, opio). Pero para él la verdadera embriaguez es la provocada por el arte que lleva al verdadero ser. Es equivalente a una especie de beatitud tranquila e inmóvil ante la experiencia de la obra de arte.

El arte, o su práctica, o su experiencia estética, es la única manera de mantener vigente el instante de la felicidad absoluta. El estado estético es el consuelo ontológico (del ser), como solución a la Voluntad de vivir. Toda contradicción se transforma en unidad. Para el pesimismo filosófico aun existe, de este modo, cierto absoluto; y quizás para nuestra actualidad.

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