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“La joven de la perla”: el cine vivifica la pintura de Vermeer

Marchantes de Vermeer

Marchantes de Vermeer

 

Eduardo Beltrán Jordá

El director de cine Peter Webber, junto a la guionista Olivia Hetreed, llevó a cabo en 2003 un proyecto ambientado en la ciudad de Delft (Holanda) a mediados del siglo XVII, basado en el best seller de Tracy Chevalier (“Girl with a pearl earring”). La película tiene un interés histórico-artístico por interpretar y asimismo reconstruir el entorno en el que el pintor Vermeer realizó “La mujer de la perla”.

Un film relacionado con la pintura doméstica del barroco holandés

En la presentación de la película La joven de la perla, en los títulos de crédito, se observa como se traslada al film la sensación de estar contemplando composiciones de la pintura barroca holandesa, por su similitud con las características de cotidianidad doméstica, claroscuro pictórico (focos de luz natural, y en otras secuencias nocturnas la luz artificial), o el detallismo en las naturalezas muertas (alimentos, vestimentas), como ejemplos.

Ben Van Os, en el diseño de producción del film, y la fotografía de Eduardo Serra logran puntos en común con las perspectivas aéreas o pictóricas de la pintura barroca, equivalentes a la profundidad de campo de los planos cinematográficos. Se tiende a la composición pictórica, de los planos narrativos cinematográficos y de las escenas y secuencias de la vida cotidiana, posiblemente inspirados en cuadros de Vermeer y otros maestros de género (pintores de escenas de la vida cotidiana o costumbristas, en pequeño formato).

La representación sensorial y su verosimilitud

En el film se destaca la sensorialidad de las calidades texturales y materiales (los tejidos, los colores, los alimentos -como las carnes, verduras-, los metales, las lozas, la madera)

La ambientación es muy naturalista: fiel a la verosimilitud, a la más severa realidad; una característica del barroco del siglo XVII. Además se representa un hogar burgués en todo su mobiliario y decoración; los interiores holandeses que pintó de Vermeer (interpretado por Colin Firth).

En este afán por reconstruir con verosímil fidelidad la vida de la época, además de mostrar los oficios o labores propios del aseo y el mantenimiento de una casa de su tiempo, en una secuencia del film se presenta el ceremonial culinario de una celebración festiva. En este caso, el nacimiento de un niño (el hijo del pintor) que la familia y el marchante hacen coincidir con el desvelamiento de un cuadro de Johannes Vermeer (un retrato de la esposa del propio coleccionista y comerciante de su pintura).

El “ojo empírico” y el fenómeno sensible

Velázquez, Poussin o Vermeer representaron para la pintura del siglo XVII las “posibilidades constructivas y estructurales del color” conformando un nexo de unión entre dibujo y color, según comentan los profesores Fernando Checa y José Miguel Morán en El Barroco (Istmo, Madrid, 1989). Para sus composiciones pictóricas se sirvieron del propio ojo, cuyo realismo resultó ser empírico, basado en los fenómenos sensibles: las formas del color.

Una muestra del acercamiento científico-empírico de la pintura se observa en la secuencia donde aparece la “camara oscura”, como instrumento artístico-técnico. Una representación sencilla sobre la técnica óptica mediante la cual se podía ver representada una imagen o “un cuadro hecho con luz”, como dice el pintor Vermeer en la película; un antecedente de la cámara fotográfica. Ejemplo del deseo extremado en la sensibilidad del fenómeno, quizás demostrado por la minuciosa verosimilitud óptica.

La cámara le muestra, le ayuda a ver lo que tiene que pintar, como le comenta la criada Griet -interpretada por Scarlett Johansson- a Vermeer. La ilusión óptica que se representa en la “cámara oscura”, será análoga al cuadro, con respecto a la realidad y su perspectiva.

El oficio de la pintura

El film deja claro la sensibilidad de la percepción cromática del pintor. Motivo a su vez de la relación de unión entre Griet y Vermeer, al reclamarle a ella tiempo para mezclar y moler sus colores, y para posar y dejarse agujerear el lóbulo de la oreja izquierda, para salir retratada con la perla como pendiente.

El director Peter Webber ofrece una breve lección de historia del arte al mostrar cómo se preparaban de modo artesanal los colores, de procedencia animal, vegetal o mineral.

Placer estético

En su vertiente comercial, la película muestra sutilmente las sublimaciones sexuales o eróticas del pintor Vermeer, el cual llega a trasmutar su deseo en creatividad artística y minuciosidad técnica, mediante la sensualidad facial y sensibilidad artística de la joven modelo. Además, las pulsiones sexuales del marchante van Ruijven son transformadas en erotismo estético, o placer estético, a través de la belleza compositiva y pericia artística del pintor Vermeer.

Sentimientos y admiración, velados socialmente

Por último, el film narra una historia de amor entre Griet y Vermeer, cuyo tono sugerido, acaba definiendo la sutilidad de una película que es contemplativa y que no ofrece explicaciones, sino hechos y ofrecimientos, para el deleite reconstructivo de la imaginación del espectador.

Dicha historia de sentimientos de confidencialidad y confianza –diríamos estética– entre amo y criada, será imposible por las diferencias y convenciones sociales. En definitiva, por la jerarquización en estratos socialmente diferenciados por los privilegios, la cuna de nacimiento, y el posicionamiento económico, en la Holanda de mediados del siglo XVII.

 

 

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2 pensamientos en ““La joven de la perla”: el cine vivifica la pintura de Vermeer

  1. Muy buena la reflexión que haces sobre La joven de la perla. Es cierto que vivifica la pintura de Vermeer y que el director en todo momento nos ofrece credibilidad dramatúrgica, aunque careciera de verosimilitud histórica, que no es el caso. El film nos muestra credibilidad y verosimilitud.
    Es interesante observar como Vermeer recoge el testigo de las perlas que adornaron a las Venus y Gracias de Rubens e iluminaron los rostros de Saskia y la Hendrickje de Rembrandt.

    Imagino que Peter Webber y Eduardo Serra habrán puesto su mirada en un magnífico antecedente que es Barry Lyndon de Stanley Kubrick. Con una fotografía de John Alcott en la que cada plano recrea la pintura barroca y rococó y una banda sonora insuperable donde la música de Bach, Händel, Mozart, Vivaldi… siempre está al servicio del drama y de la imagen.

    Cada vez que veo La joven de la perla siento la necesidad de revisitar el film de Kubrick.
    Gracias por recordarnos directa e indirectamente estas magníficas películas.

    • Gracias. En principio son películas bastante bien ambientadas en cuanto a diseño de producción, vestuario, guiones (Vatel, Todas las mañanas del mundo, Barry Lyndon, La Reina Margot, Le Roi danse), entre otras.

      En cuanto a Barry Lyndon, y su música, lo que me ha llamado la atención precisamente hace poco tiempo, es el tema que identifica al propio protagonista y que se modifica según las circunstancias dramáticas (ligeras a graves, distendidas y tensas, y así correlativamente en lo musical jugando con la intensidad). No se si es la zarabanda de Händel, que aparece original y además adaptada esquemáticamente.

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