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“Doble suicidio”: la expresión del “bunraku” japonés en el cine

doblesuicidio

Eduardo Beltrán Jordá

(contiene spoiler)

El teatro de marionetas es un destacado ejemplo de cómo es la condición humana: cómo somos dirigidos por los hilos del fatalismo. Se estará de acuerdo o no en si es más o menos humano el fatal desenlace del drama emocional, pero sí es literario y cinematográfico, aunque en sintonía con el equilibrio espiritual, es hasta vacuo y vano, por no decir presuntuosamente enfermizo.

El argumento de este filme, Shinjû: ten no Amijima (Masahiro Shinoda, Japón, 1969), sobrepasa la cordura por su hiper dramatismo a través de una mirada occidental. La tragedia llega al máximo exponente hasta saturar al espectador: aquí se manifiesta la dramaturgia kabuki. Es una historia desesperada que ya se había podido ver en Mizoguchi o Masumura. Más concretamente dentro de la cultura nipona es una historia de giri-ninjo (deber contra deseo). Jihei (Kichiemon Nakamura) y Koharu (Shima Iwashita), quieren morir juntos, es su única salida para estar unidos, fuera de la realidad.

El filme comienza como un documental cinematográfico sobre los ensayos de una obra dramática de bunraku (teatro de marionetas) del dramaturgo Chikamatsu: conversaciones sobre puesta en escena, dificultades sobre iluminación, ensayos de movimientos, planos de marionetas animadas o inanimadas. Progresivamente se pasa de los preparativos de una escenificación con muñecos, a las actuaciones de los actores entre las tramoyas y con decorados a la vista, hasta finalizar como una narratividad propiamente cinematográfica donde es invisible la escenografía o el diseño de producción.

Como señala Donald Richie (1), la particularidad de esta película viene dada por la continuidad de los tramoyistas (kurokos), asistentes vestidos de negro característicos del cine de marionetas, que continúan con su trabajo dentro de las secuencias del filme, sin intervenir en su discurso dramático, solamente quitando o aportando, aquí o allá, el material necesario para que la acción se pueda desarrollar. Enmascarados testigos, visibles todavía, de un teatro donde las marionetas se han convertido en hombres y mujeres

kurogo (1)

jidaigekipedia.blosgspot.com.es

El desenlace final, el doble suicidio, es el que muestra mejor la condición de marioneta de las vidas humanas. Lo hace de tal manera que las gestualidades y movimientos de los actores son semejantes a los de los muñecos movidos por hilos -o por los brazos de los actores-. Los cabellos son liberados del peinado y la clasificación social. Él parecerá un desclasado marginado. Ella una monja enloquecida, según el diálogo de la película.

Jihei, el protagonista masculino, atraviesa con su puñal a su amante Koharu, y ésta queda como un títere sin vida. En su rostro y en su cabello ya está la muerte. Si momentos antes los “enamorados” caminaban a la deriva alienados dentro de una ceguera sin mayor propósito que morir como único medio para estar juntos, ahora ella ya es un muñeco inerte y él sube a una colina a contraluz y se cuelga con el cinto de su vestimenta o kimono. Ahorcado, pendiente, es la manera fatal que parece mostrar la película como propia del ser humano. Richie concluye: “El mundo es el drama de títeres…” “El dramaturgo [Chikamatsu] y el director comparten un punto de vista fatalista: el destino espera, el hombre es incapaz de escapar a él [del mismo destino].”

Algunas secuencias y planos seducen por su artificio teatral, que se introduce en la escenografía cinematográfica, desarticulándola (dirección artística de Kiyoshi Awazu). Su materialización estética expresionista potencia, ademas, un erotismo esclavizante. Un fascinante manejo del lenguaje del cine moderno, adecua las tradiciones niponas teatrales a un documento fílmico contemporáneo, donde se asimilan vida y arte, por lo que adquiere un valor magistral para la cultura humana y su capacidad metafórico-artística. La estética cinematográfica deambula por el escenario dramatúrgico y acaba saliendo de él para llevárselo consigo, para salvarlo.

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(1) Donald Richie (2004), Cien años de cine japonés, Madrid, Ediciones Jaguar, p. 204-205.

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