Inicio » Arte » “El silencio antes de Bach” (Pere Portabella, 2007)

“El silencio antes de Bach” (Pere Portabella, 2007)

La pianola

La pianola

Eduardo Beltrán Jordá

Siempre suelo llegar tarde a este tipo de cine porque requiere de esfuerzo intelectual, de unas pesquisas teóricas previas, las cuales deben asentarse para hacerme capaz de elaborar, posteriormente, un texto personal. Un cine que en muchas ocasiones no responde a unas expectativas propias, y que son observaciones que yo mismo aíslo entre lo culto y lo popular, entre lo intelectual y lo colectivo. Me refiero a que este tipo de cine no logra enlazar inteligencia y conocimiento, para oponerse con garantías a una cultura de masas mezquina y dominante (1), con argumentos estéticos más colaborativos al objetivo final, aunque tal vez no exista dicho resultado final, y así sea la riqueza del arte contemporáneo, cuando lo encuentras a través de la reflexión, con imaginación, con pensamiento. Portabella parece dejar suficientemente de lado en este film, su minimalismo y conceptualismo más fecundos, a los que volvería en su siguiente trabajo, Mudanza (2008).

Caimán. Cuadernos de Cine (2) revisó en 2013 al cineasta Pere Portabella con las excelentes firmas –teóricas y críticas– de Santos Zunzunegui, Àngel Quintana, José Enrique Monterde, Esteve Riambau o Casimiro Torreiro. Por si fuese poco los dos mejores filósofos españoles de las últimas décadas (3), Eugenio Trías y José Luis Pardo, contribuyeron con dos artículos.

Santos Zunzunegui indicaba la confluencia de dos modos de trabajar en los filmes de Pere Portabella, la parte extracinematográfica, vinculada al mundo artístico, conceptual, poético, político y social; y la propiamente cinematográfica. Un cine en diálogo, “expandido” a otros territorios, cuya estructura de trabajo suele ser el módulo, yuxtapuesto o en forma de puzzle. Aclaraba que no es un cine para entenderlo dentro de la cinefilia y de la historia de la cinematografía, es decir, que éstas no son un “marco de comprensión de las películas” que el autor  produce.

Àngel Quintana ayudaba a ver el acercamiento de Portabella al arte conceptual, donde importa la idea, el concepto, como elección abierta del artista y receptor sobre el mundo objetual, en el arte contemporáneo. Aquello a lo que el teórico del arte Arthur Danto denominó “el arte después del arte”, a raíz de la consideración museable y artística de objetos utilitarios, publicitarios y reproducidos masivamente: las cajas Brillo de Andy Warhol. Nos daba una clave en el modo de trabajar de esta película, Die Stille vor Bach, que se construye en base al collage. Y junto a Zunzunegui, coincidía en sus elementos constitutivos; cine (ficción y documental, aunque no sea ninguna de las dos cosas) y arte (ideas en imágenes), siempre entorno a Juan Sebastián Bach, un representante capital de la cultura europea.

Eugenio Trías, como introducción a esta película, en su artículo, apostaba por la calidad de una cultura de “minorías globales”, y hacía hincapié en que la cultura de masas sigue apropiándose de las facultades más bajas, vociferantes y viscerales del ser humano. Su advertencia era recuperar y destacar las facultades más sutiles, las de la inteligencia y el pensamiento, la estética y la sensibilidad, junto con la necesidad de reforzarse con las políticas, las empresas y las finanzas. Así escribía Eugenio sobre las “minorías globales” a lo largo de muchas ciudades y lugares: “Se trata de un sector social cada vez más amplio en los países innovadores, especialmente entre clases medias ilustradas que apuestan por una cultura cualificada y diversa, cifrada en temas de imposible generalización colectiva, pero de gran predicamento entre seguidores apasionados”.

Además Eugenio Trías nos proporcionaba una inquietud metafísica que incluye y revisa en parte de su filosofía, y que nunca soslaya. Se trata de indagar –según sus palabras– en “un argumento posible para una teología imaginativa y crítica”, en una prueba ausente, si pensamos en las cinco vías teológicas tomistas, de la existencia de Dios, que Trías, en este texto, deduce de las “pruebas cosmológicas actuales”. Añade a las de Tomás de Aquino, una sexta prueba. Una “prueba metaestética” o un “argumento ontológico invertido” que postularía, que si existe un mundo en silencio antes de Bach, existe un Dios a partir de la existencia de Bach –el Maestro Cantor–, no solo como el artesano platónico sino como el artista, más kantiano.

Pero aquí no termina el hecho de que algunas imágenes en este film de Portabella puedan sugerir tal magnitud de especulaciones de una intensidad tan fascinante. Jose Luis Pardo añade a las aproximaciones a la obra del cineasta, artista, productor y ensayista, la del humor y la travesura, al poner nuestro tiempo –cultural y político– en juego.

Pardo indicaba, previamente a mencionar la obra de Pere Portabella, cómo es el hilo conductor de la modernidad –de la cual procedemos– y la modernidad tardía –en la que somos–, partiendo de la “ruina”, ese mundo-refugio que es/era ‘antigüedad’ para los modernos y cultura moderna para los tardo modernos (nosotros). La ruina es un tira y afloja sentimental por la belleza del pasado y su utilidad, la aversión y la atracción –ética y moral–, entorno a quienes somos con nuestras conquistas y nuestros fracasos como legado humano; y sin la cual, no poseemos historicidad cultural (4). Pero no sabemos qué hacer con ella sino inventar una industria cultural propia de una sociedad mercantilizada. Según José Luis Pardo, los habitantes de la modernidad tardía transitamos por las cosas modernas (ya no solamente por las cosas antiguas por la que caminaba nuestra modernidad), como niños rencorosos o nostálgicos ante unos juguetes con los que ya no sabemos bien cómo jugar.

Pere Portabella añade esa parte de juego con la tradición musical, con lo que tiene de elitismo y popularidad el Maestro de Leipzig. Recoge el turismo cultural (excursiones, anécdotas, animaciones historicistas con pelucas y vestuario de tienda de disfraces, aunque en el film no se destaque la masiva realidad turística que vivimos en las ciudades), que es a lo que ha llegado a convertirse la alta cultura europea. También refleja la parte social de las agrupaciones corales que cantan sus piezas más religiosas, los instrumentistas y personas vinculadas a vender pianos y a consumir lo privado que proporciona aún el arte, la literatura, la música, en reductos de ‘librería de antiguo’ (donde residen las mencionadas ‘ruinas’ de la historia junto a los museos).

El artículo de José Luis Pardo me va a servir para destacar la ironía y el juego en la obra de Portabella, que en este film reconduce la música de Bach a las ruinas culturales de la posmodernidad, debido al tratamiento humorístico (discutible) que le inflige a través de la pianola. A esta idea añadiré el sugestivo argumento de Eugenio Trías sobre la existencia de Dios a través de una prueba metaestética: el Creador es un artista creador, es un formalizador de lo creativo; además de ontológicamente invertida: Bach ya es prueba de la existencia de Dios, en el tropo metonímico, ya no es necesario buscarla, puesto que ya ‘existe’ Bach.

Pero ese pretendido Dios ‘canta’ quizás una verborrea martilleante, como la matemática humana y universal de repeticiones y variaciones en ‘fuga’, en espiral. Puede resultar irónico que al principio y al final del film de Portabella –donde quizás se observe mejor el arte de concepto–, una pianola, mecánicamente repetitiva, se mueva autónomamente en las salas vacías de un museo, en el vacío blanco y el silencio previos a su aparición en el plano cinematográfico; en el silencio antes de Bach, antes de Dios, antes del Logos. ¿El pensamiento creativo, el Logos divino, se queda desconectado del también lenguaje divino de J. S. Bach? ¿Qué podemos hacer con Bach y su incuestionable relevancia dentro de la cultura universal? ¿Por qué me resulta tan tediosa la presentación del músico barroco en esta película?

Quizás sea como piensa José Luis Pardo, que ese juguete intelectual de nuestra cultura europea, que es Johann Sebastian Bach, me repele y me atrae sin quererlo, más cuando la vanguardia musical tomó su minimalismo como norma del eterno retorno en el lenguaje humano (no sólo musicalmente hablando). Por extensión especulativa, alrededor del origen de la metafísica de la existencia, en la que me he atrevido a incidir, el lenguaje universal –que nosotros, en este caso, únicamente parece que atisbemos culturalmente a través Bach–, se ha aburrido también. No deja de percutir incesantemente a causa de la limitante partitura enrollada de una pianola sin artista, como mero artesano.

************

(1) Justamente en lo que dice el diccionario de la RAE en la falta de nobleza de espíritu, que escatimaría eso precisamente.

(2) Marzo 2013, nº 14, p. 5-27.

(3) Víctor Gómez Pin podría ser el tercero.

(4) Hans Blumenberg diría que esta historicidad preñada de metáforas del lenguaje, la cultura humana, es lo que tiene el ser humano de propio: su auto legibilidad a través de los lenguajes metafóricos.

Ver en Filmin

Anuncios

6 pensamientos en ““El silencio antes de Bach” (Pere Portabella, 2007)

  1. ¡Enhorabuena!
    Un excelente y bien documentado artículo. No he leídos los textos de Trías y Pardo, pero sería interesante saber si piensan que el pietismo tuvo un influjo importante en la música de Bach.
    Gracias por argumentar sobre este interesante tema y darnos a conocer todas estas opiniones.

  2. ¡Muy buena entrada!

    La influencia de Bach no solo en la cultura occidental (mejor europea?) lo que no tengo tan claro es si su influencia ha sido tal en la religiosidad luterana. Lo

  3. (He golpeado la tecla que no debía)… Lo que si tengo claro es que Bach tiene tantas influencias como personas escuchan su música.

    Gracias por el artículo.

    Un saludo,

    Bachiano

  4. Si claro, me refería ha si la manera de abordar los corales en las cantatas se percibe en la religiosidad luterana del siglo XXI.

    Buen día

    Bachiano

  5. En la película, con aspectos de documental precisamente en la parte donde se muestra el trabajo de corales, en la actualidad, en base a las cantatas de Bach, muestra que la juventud que participa de esa educación y/o convivencia sociocultural, no procede de la parte social que practica la religión protestante (no se si luterana), si no de diferentes grupos sociales. Al menos es lo que yo entendí.

    Procuraré revisar el post e incluir algún vídeo para que podáis ver algo más de la película.

    Gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s