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El arte de la mentira en Oscar Wilde

mentirawilde

Eduardo Beltrán Jordá

En la vida y obra de Oscar Wilde, la máscara imagina una insolente y trágica (por su no-realismo) manera de actuar en el mundo: un artificio. Será el arte de la mentira (causticidad, ironía, brillantez, teatralidad, ficción, placer y belleza); una manera de subversión, estética, y por su cariz antiutilitarista, pro-hedonista, decadente.

Oscar Wilde, en su breve ensayo La decadencia de la mentira (editado por Siruela, Madrid, 2000), nos introduce en su doctrina y teoría estético-vital. Es preciso observar la irreverencia y la autonomía (semejantes a decadencia) de la crítica estética, y su recurso principal, la mentira, por la que se conformaran las ideas del poeta, ensayista y comediógrafo, Oscar Wilde.

La decadencia de la mentira se estructura a modo de diálogo entre dos personajes: Cyril, un aprendiz o un amigo, y Vivian, la voz teórica o alter ego de Wilde. Nos situamos en “la biblioteca de una casa de campo en el Nottinghamshire“, según nuestro autor.

La autonomía del arte

En este librito, el punto capital de la doctrina wildeana es la autonomía del arte. Reivindica la anarquía del arte, la autonomía de la belleza y la independencia de la estética, es decir, una especie de autarquía del criterio estético, casi ajena de la Historia de las Artes, francamente anti-historicista. En palabras de Wilde: “El arte jamás expresa otra cosa que su propio ser. Tiene su vida independiente,… y se desenvuelve únicamente sobre sus propias trazas.”

Si Cyril propone otra manera de comprender el arte, Vivian (Wilde) responderá, teóricamente, contundente ante el punto de vista de Cyril, el cual insinúa si el arte expresaría la idiosincrasia de una época, el espíritu y carácter de un espacio socio-histórico, y hasta la determinante influencia de este en el arte. De este modo contrasta la opinión de su compañero en la conversación con una displicencia incontestablemente áulica: “las naciones y los individuos, con esa vanidad natural que es el secreto de la existencia, viven siempre bajo la impresión de que es de ellos de lo que hablan las Musas, siempre intentando encontrar en la tranquila dignidad del arte imaginativo un espejo de sus turbias pasiones, siempre olvidando que el cantor de la vida no es Apolo sino Marsias“.

Como hemos reflejado, el punzante elitismo absoluto de la estética por la estética, es manifiesto. Además, sus frases resultan consonantes a su figura, puesto que lo que escribe es, propiamente, su mentira estética. Frases que por otro lado, guardan cierto hermetismo sobre el hecho estético. Sin embargo, éste siempre es salvado por el individualismo que persigue la invención y la belleza, las cuales se convertirán en el nuevo esencialismo del arte.

En la siguiente cita podemos enmarcar a Oscar Wilde como un artista decadente, iconoclasta y transgresor, o como un inmediato precursor del arte nuevo, del siglo que no vio despuntar, el siglo XX. Dice Wilde: “Alejado de la realidad y apartados sus ojos de las sombras de la caverna, el arte revela su propia perfección, y la muchedumbre que ve atónita el despliegue de la maravillosa rosa de infinitos pétalos se figura que es su propia historia lo que le están contando, su propio espíritu lo que encuentra expresión en una forma nueva. Pero no es así. El arte más elevado rechaza el fardo del espíritu humano, y gana más con una nueva técnica o un material inédito que con todos los entusiasmos por el arte, todas las pasiones exaltadas y todos los grandes despertares de la conciencia humana… No es simbólico de ninguna era. Son las eras las que lo simbolizan.”

El antinaturalismo, modelo del arte

Esta idea es la segunda doctrina. Naturaleza y vida no son objetivos adecuados para el arte en la teoría estética de Wilde. Surgirá un arte “malo” si ambos elementos se “erigen en ideales” del objeto estético o artístico. La imaginación artística no tiene como modelo la imitación de la naturaleza y la vida; si el “arte abdica de su medio imaginativo abdica de todo“. La verdad, la realidad, están alejadas de la ficción y el artificio, de una manera virulenta, próxima al nihilismo subjetivo del arte. La mentira es libremente antinaturaleza estética. Como señalará Hans Robert Jauss, el concepto de naturaleza para una modernidad “fin de siglo” será la anti physis. (1) El camino comenzará por Baudelaire y pasará por Valéry, Mallarmé, Huysmans o Wilde.

La vida y la naturaleza imitan al arte

La tercera doctrina se refiere a la reciprocidad entre vida y arte, partiendo -dijésemos- de un ser con doble rostro. Es necesario explicar brevemente esta vinculación. Según Wilde, el principio de la vida y su objeto, es el deseo de expresión o energía -en terminología aristotélica- creativa. Esta voluntad vital se manifiesta muy estrechamente vinculada a las posibilidades expresivas, o a sus diversas formulaciones, que constituyen la imaginación artístico-estética, así como a las bases de la autonomía del arte vanguardista durante el siglo XX.

Wilde en uno de sus lúcidos aforismos así lo especifica: “La Vida sostiene el espejo al Arte“. Dijéramos que la vida es una abstracción fundamental con capacidad para la fuerza creativa (el espejo), pero que es ciega, y no puede especificarse y formalizarse excepto proponiendo un espejo -el mismo deseo de expresión- para poder reflejar una imagen, la del arte, que vendría a ser condición de posibilidad o ejecución de la expresión vital. Aunque resulte paradójico, la vida se convertirá en la “mejor” y “única discípula del Arte“, puesto que estará supeditada a la imagen que es capaz de reproducir.

Wilde fuerza más su idea hasta el pleno artificio, sugiriendo que la propia Naturaleza existe solamente por la imaginación del artista que ha descubierto su verdadera razón de existir, encontrando su esencia, que es su belleza. De este modo, el artista ha creado la Naturaleza, porque ha creado la belleza de ésta con su propia mirada. Wilde comenta: “Se dice que el arte nos hace amar la naturaleza más de lo que la amábamos antes, que nos revela sus secretos, y que tras un estudio detenido de Corot y Constable vemos en ella cosas que habían escapado a nuestra observación.”. Y sigue: “El arte es nuestra enérgica protesta, nuestro valeroso intento de enseñarle a la naturaleza el lugar que le corresponde“. A partir de ese momento, las cosas reales tendrán al arte como objeto a imitar. Este será el principio del arte por el arte, el absolutismo estético, y el fundamento de las vanguardias históricas. (2)

La mentira: el artificio

Esta es la última doctrina de Wilde en este librito: “contar cosas bellas y falsas, es el objetivo propio del Arte“. El arte se aleja del principio de imitación de la naturaleza. El objetivo es la Belleza (la Estética), la cual es el artificial modo de desvincularse de la verdad y la realidad. En sus palabras, queda resumido el cuadro de actuación del escritor: “quienes no aman la Belleza más que la Verdad nunca conocerán el santuario más íntimo del Arte“.

Wilde y su teoría estético-crítica de la mentira podrían contribuir a una reflexión -en su recepción- sobre la Historia del Arte, a partir del concepto expresivo del propio arte, su autonomía, artificio y antinaturaleza.

La fantasía de la mentira y su artificio, fue la embarcación que escogió Wilde para navegar por el universo de la Belleza.

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(1) JAUSS, H. R. (1995), El arte como anti-naturaleza, El cambio estético después de 1789. En: Las transformaciones de lo moderno, Madrid, Visor, p. 105-134.

(2) En este punto donde vemos que la vida y la naturaleza imitan al arte, debemos tener presente el paisajismo pictórico en la Historia de la pintura -y más concretamente a partir de la pintura al aire libre-, y de qué manera influye en nuestra percepción a la hora de contemplar los paisajes naturales o rurales que observamos en nuestros viajes. Hagan la prueba después de haber observado a coloristas como Joaquim Mir, Santiago Rusiñol o Joaquin Sorolla, entre otros.

Tal y como estudia Alain Roger en Court traité du paysage (1997), existen muchas percepciones culturales -el cine, la propia pintura- que interfieren en nuestra manera de mirar las cosas, y la naturaleza sobretodo. Wilde fue el más audaz crítico estético al pensar en el bagaje cultural que incluimos al visualizar el paisaje, y al incidir que la pintura no representa de modo verosímil la naturaleza solamente, comenzando, de este modo, una especie de giro copernicano estético, tal y como apunta Juan Ángel López-Manzanares en su blog.

Un pensamiento en “El arte de la mentira en Oscar Wilde

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