Inicio » Estética » Lord Byron por Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Lord Byron por Giuseppe Tomasi di Lampedusa

descarga

Eduardo Beltrán Jordá

De una manera sucinta expondremos el ambiente histórico-social en que vivió Byron en su Inglaterra natal, entorno al último cuarto del siglo XVIII y el primer tercio del siglo XIX. Nuestra guía será el príncipe de Lampedusa en su libro titulado Byron, publicado en castellano por Nortesur (Barcelona, 2010).

Lampedusa y Byron

Giuseppe Tomasi (1896-1957), príncipe de Lampedusa y escritor italiano, autor de la novela Il gattopardo, admiraba la literatura de Shakespeare y a Inglaterra. Fue un ávido lector, y ello contribuyó a que comprendiese y admirase al poeta Byron en su capacidad de ironizar sobre el amor-odio que tenía hacia su lugar de nacimiento, Inglaterra, puesto que el mismo sentimiento acompañaba al aristócrata italiano por su tierra natal, Palermo (Sicilia). Este librito está escrito en base a la identificación que sentía Giuseppe Tomasi por el escritor que encarnó el romanticismo europeo e inglés.

Para Lampedusa, un análisis justo de la vida y la obra de George Gordon “Lord” Byron (1788-1824), plantea tres inconvenientes para su elaboración escrita:

  • el de distinguir en su poesía la mediocridad de la excelencia.
  • el de ser el autor de todo un espíritu de época, el Romanticismo.
  • el de ser de mayor importancia su vida que su obra, o mejor dicho, el enraizamiento de su expresión en sus condiciones vitales.

El entorno social de la Inglaterra de Lord Byron

El cambio del siglo XVIII al XIX en Europa, y en Inglaterra concretamente, fue el de una destacada crisis; la del paso de una economía y sociedad feudales, basadas en la vida rural y la agricultura, y en el poder económico, el de juzgar y legislar, de los terratenientes, a la economía y sociedad industriales, basadas en la mecanización y la mano de obra en las ciudades como Liverpool, Birmingham o Manchester, que comenzaron a adquirir mayor repercusión.

Hubo otra crisis en este cambio de siglo: la religiosa. Pastores anglicanos se fueron alejando de la Iglesia oficial debido a sus componendas, conformismos y corrupción (abuso de privilegios y desinterés espiritual). Un ejemplo de la frivolidad que mantenían Iglesia, Corona y nobleza, era la de asignar cargos eclesiásticos a miembros favoritos previamente asignados dentro de los estamentos privilegiados, y no por condiciones y méritos espirituales. Giuseppe Tomasi di Lampedusa destaca la figura del “párroco cazador” (hunting parson), que se caracterizaba por ser de buena familia y joven, y por disfrutar de las cacerías del zorro. En muchas ocasiones estos eclesiásticos asignaban un sustituto retribuído para las labores espirituales, de las cuales él permanecía despreocupado.

Algunos de los predicadores anglicanos comienzan a comprender que una reforma es necesaria dentro de la Iglesia anglicana, tanto desde el punto de vista de la estructura eclesiástica como de las directrices teológicas. Así se conforma una nueva Iglesia metodista que tuvo mucha acogida desde las capas sociales proletarias de las nuevas industrias. Por el contrario, la personas de mayor cultura y en círculos librepensadores, se promulgaba un ateísmo cada vez más agudizado.

En cuanto a la política, los reyes Jorge I y II, de la dinastía de los Hannover, facilitaron el gobierno a sus ministros y Gabinete. Sin embargo, Jorge III planteó un intervencionismo estrictamente nacionalista, ambivalente, tanto en cuestión de limitar hacia el interior la gobernabilidad de su país, contraria a una trayectoria imperialista en Inglaterra, como por el respecto a la manera de tratar la supremacía inglesa en las colonias, lo que provocó la perdida de sus posesiones en América del Norte.

El rey enloqueció y se nombro como regente a su hijo mayor, el príncipe de Gales. El rey era muy popular y estimado por el pueblo. No así  sus ocho hijos varones, que acabaron protagonizando un capítulo de agravio, deshonestidad, inmoralidad, afrentas entre hermanos y regente, corrupción, deudas económicas, abuso de poder e impopularidad, que desprestigió a la monarquía.

Había un consenso en política exterior pero en política interior había atroces divergencias. Además los liberales comenzaban a interesarse por las reformar normas fiscales y electorales que favoreciesen la representatividad de las ciudades industrializadas frente a la forma de vida rural de los terratenientes.

La aristocracia por su parte, entró en su particular crisis debido al cambio de estructura social, que sin embargo no impidió que mantuviese la inercia del gasto económico (y sus consiguientes deudas) para mantener su privilegiado estatus acomodado.

Según Lampedusa, así se puede describir el entorno social del tiempo en que vivió Lord Byron: “bajo el signo de la desconfianza, del ateísmo, de la rebelión, de la pobreza y del orgullo”.

                                                                                              ***

db_Beautiful_Lord_Byron_18121

Lord Byron, una vida encarnada para el romanticismo

Según Javier Marías en Vidas escritas, el príncipe de Lampedusa (Giuseppe Tomasi, 1896-1957), comenzó a escribir un curso de literatura inglesa en 1953, en principio destinado para el joven burgués Francesco Orlando. En este apartado veremos cómo en la lección de dicha obra dedicada a Lord Byron –en Byron, librito antes mencionado-, Lampedusa nos ofrece una línea histórica de los orígenes y de la vida del poeta inglés hasta su viaje a España, Grecia y Turquía, proporcionándonos una rejuvenecida mirada de los lugares comunes, manidos, del romanticismo byroniano, por su claridad, por su concisión y por la mordacidad del humor en su escritura.

Los orígenes, infancia y estudios

La familia Byron procedía de orígenes normandos. Dos familias tenían asimismo su ascendencia: la de origen francés, los duques de Biron, y la de los Bühren de Curlandia. Poseían grandes haciendas en Nottinghamshire y Lancashire. Parece ser que antepasados de la familia Byron se distinguieron por un carácter militar y sorprendentemente gafe en las arriesgadas aventuras y acciones bélicas.

Del abuelo -marinero infortunado- de nuestro poeta George Gordon Byron (1788), nació su padre, “Mad Jack”, otro extravagante marinero; la madre del poeta fue Catherine Gordon, procedente de una familia trágica. Byron nació en el ambiente de una familia arruinada. Su madre se separó de su padre, que murió desahuciado en Francia, y fueron a vivir modestamente a Aberdeen (Escocia). El niño heredó la belleza del apellido Byron pero comenzó a andar cojo: “Guapo y cojo se quedará para siempre” según G. T. Lampedusa.

Su madre no educó con entereza a su pequeño, por precariedad económica y quizás genética: “Unas veces adorado por su belleza e inteligencia, otras veces menospreciado por su defecto, adquirió todas las características del niño mimado además de todas las del niño maltratado. Combinación bastante rara cuyo resultado químico es el hombre rebelde”, en palabras de Lampedusa. Cuando murió su tío-abuelo pudo, material y efectivamente, heredar la villa Newstead Abbey, unas hectáreas de posesiones en el campo, procedentes de la familia Byron. Pasó, en su infancia, de la indigencia a la opulencia.

En su formación académica también pasó de la escuela de Harrow, donde destacó por su capacidad de aprendizaje y por su espíritu activo y deportivo -que sorprende debido a su cojera-, a la Universidad de Cambridge, destacando por su don de la amistad, por sus vestimentas elegantes, por su afición a los estudios de griego moderno y árabe, y por sus primeros poemas de una vida ya romántica, aunque éstos fueran de ínfima calidad según Giuseppe Tomasi.

Londres y la vena artística

Byron era mayor de edad cuando se instaló en el nº 16 de Picadilly (Londres), para disfrutar de una vida hedonista (amantes, teatro, amistades y vino). Una crítica (sin demasiado sentido crítico, por cierto) de Brougham en la revista Edinburgh Review, sobre sus dos colecciones de poemas, encendieron su ira creativa, en su larga obra “English Bards and Scotch Reviewers”: “la cólera -comenta Lampedusa- la que incitó a Byron a encontrar su verdadera vena, que es la de la violencia rebelde compaginada con la afrenta elegante“. En esta obra encontramos “sutil ironía”, “señorial desprecio”, o “ferocidad del libelo” junto a “versos de refinada factura”; y lo más importante, la “soberana justicia” y el “buen gusto” de Byron sobre poetas como Blake, Coleridge, Shelley o Keats, marginados por la crítica del momento. Byron, en esta vena artística, producirá sus obras de calidad.

Esta sátira le llevó a enfrentarse a la rancia y prestigiosa revista, hasta su muerte, criticándole siempre “los malos versos que escribió”.

El “grand tour” por España, Asia Menor y Turquía

Byron abandonará Inglaterra para comenzar un viaje de formación por Europa (“Grand Tour“) que acostumbraban a realizar los jóvenes ingleses desde el siglo XVII, el cual Byron convirtió en viaje casi iniciático a los límites del yo romántico. Mediante sus experiencias en países exóticos por el resto de Europa septentrional, Byron introducirá el orientalismo en la literatura europea . España al parecer estaba llena de “geranios”, “mujeres bellas” y “galeotes”. El arte español -y su mito del folclore andaluz y la mística castellana- se conocerá en Europa algo más tarde debido al explolio napoleónico del patrimonio pictórico, principalmente.

Byron frecuentó a turcos y griegos, intensificó las voluptuosidades vitales y el riesgo de la aventura física en sus límites; despreció los grandes monumentos artísticos (el Partenón de Atenas y Santa Sofía de Constantinopla). De España dijo que “el amor y la muerte se hallan a cada paso”, en las costas de Albania conoció a un alma afín con su carácter intrépido, independiente y amoral, el jefe-bandido turco Alí Pachá. En Grecia sintió que “sobre esta tierra árida y pura nacieron la libertad, la elocuencia, la poesía y el respeto hacia lo bello”, y en Atenas rompió con las normas supuestas de orden y estabilidad, organizando combates pugilísticos entre jóvenes tanto católicos como ortodoxos, en recuerdo tal vez de sus años de juveniles en Harrow.

En 1811 regresa a Inglaterra. Concluyó después de este grand tour, que sobre la culpa del pecado existía con mayor virulencia la sensualidad y el instinto: “tras haber vivido entre mahometanos, católicos y ortodoxos, siendo yo mismo protestante, me he dado cuenta de que todas las religiones son igualmente verdaderas, o sea, igualmente falsas”. La superioridad moral en el carácter de Byron era algo que se había reafirmado en este viaje. Era el carácter del romanticismo.

                                                                                              ***

1822+William Edward West+Lord Byron

La vida del Romanticismo: un arquetipo en Lord Byron

El poeta Lord Byron bien podría obtener la etiqueta de arquetipo del artista romántico, o la de la vida del Romanticismo artístico, vital, amoroso y libertario. Actualmente es ya un lugar común absoluto, inclusive manido, sobre dicho tema. Este apartado es el tercero que resume la vida de Byron, en base al librito de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957).

Un manifiesto del Romanticismo: el arte como la vida

Una vez arriba Byron a Inglaterra, en 1811, escribirá lo que podría considerarse como un manifiesto de un movimiento romántico, o de un espíritu del Romanticismo. Decía así: “El gran objeto de la vida es la sensación. Sentir que existimos, aunque sea en el dolor. Es este “vacío insaciable” el que nos empuja al juego, a la guerra, a los viajes, a todo tipo de actividades desordenadas, pero intensamente sentidas, cuyo atractivo principal es la agitación inseparable de su realización”.

Este tipo de condición vitalista, insoslayable debido a las sensaciones vitales, y su asimilación con la obra de arte (poética en este caso), es a lo que Nietzsche llamó la atracción por el carácter trágico del artista, el cual desarrollaba su “gran estilo” uniendo arte y vida como verdad. Es decir, que todo arte trágico-romántico se traducía en un estilo “tremendo” o formidable, relacionado con las tensiones controvertidas e ilimitadas, en cuanto a las emociones y sentimientos del sujeto, en referencia a una vida insospechada. La pasión vital como la forma del arte.

Byron, se incorporaría como romántico, a una tradición reconocida por la historiografía como una estética (o un arte) de lo sublime, en la que la inclusión de los aspectos de la experiencia en el arte, se explicaban como verdad del sujeto vital. Lo sublime se explicaba en tanto en cuanto la capacidad de imaginación y la de realidad se separan, dando como origen una especie de estupefacción espiritual y estética cuando se experimentan unidas de manera inverosímil. Quiere esto decir que aquella interpretación sobre la vida, en su realización total, llegaba a conformarse como arte romántico. Byron, estaba dispuesto a que la sensación y agitación que producía el desorden, fuese la “realidad sublime” -y artística- que estaba preparado para vivir, trágicamente, en el sentido nietzscheano, como hemos mencionado.

Los amores de Byron. De Inglaterra a Italia

Sus amores fueron complicados, tempestuosos, y numerosos. De los más significativos fueron los que tuvo con Caroline Lamb, la más atormentada; la sobrina y ahijada de ésta, lady Anne Isabella Milbanke, con la que se casó; Augusta, su hermanastra; Margherita Cogni y Teresa Guiccioli.

Byron tuvo una hija -Medora- con su hermanastra y amante, escándalo sin precedentes con el que ridiculizó la moralidad de la sociedad inglesa. Por tal motivo, exiliado, dejó Inglaterra definitivamente en 1816.

En Suiza se encontró con Shelley, “segunda gran influencia” intelectual sobre Byron, en cuanto a “humanitarismo” y “fraternidad” -según G.Tomasi di Lampedusa-. La primera fue Alí Pachá de Ioánnina, en cuanto a los caminos de la crueldad, el placer y el Yo. Con una hermana de la mujer de Shelley -quien se rodeaba y acompañaba de un tropel de amantes-, concibió a Allegra. Esta comitiva formada por Byron, Shelley y amantes, se trasladó a Italia, pero Byron decidió instalarse en Venecia. Allí manifestó sus instintos vitales abiertamente: cabalgó por el Lido, nadó vestido por el gran Canal y sedujo a decenas de mujeres de todo tipo de condición y procedencia social, entre ellas Margherita Cogni, su particular Fornarina, prototipo de mujer “dorada” y veneciana, tigresa celosa y agresiva, mujer de un panadero.

Posteriormente a la muerte de Shelley, Byron conoció a Teresa Guiccioli y a su marido el conde Guiccioli; junto a ellos formó un curioso “trio” sentimental y de amistad. Viajaron a Rávena entre 1822 y 1823, donde Byron gozaba, melancólico, del tiempo pasado por los reflejos dorados de sus basílicas, como en Venecia.

La libertad patriótica o el movimiento liberador de las nacionalidades oprimidas

Inspirado por el patriotismo -y por la veneración por Dante-, de Teresa Guiccioli y su hermano, Byron se incorporó al sentimiento de libertad italiano (emiliano en este caso concreto). De aquí a identificarse con el filohelenismo de la Europa liberal había un paso. En Génova conoció a resistentes griegos ante los turcos, y fue “apremiado” -debido a su fortuna y a su celebérrrimo nombre- por el jefe de los insurrectos griegos, el príncipe Mavrokordatos, a defender la causa helénica de los clefti (patriotas griegos en lucha contra la opresión otomana). Escribe G. T. Lampedusa: “la idea de poder liberar de la servidumbre a los descendientes de Sófocles y de Platón enardecía a Byron”.

Persuadió, corrompió, combatió, se esperanzó y se desilusionó, hasta que la malaria le visitó de muerte el 19 de abril de 1824. Su amigo Hobhouse, que le había acompañado por Grecia, llegó a Ingleterra con las memorias de Byron, que posteriormente fueron quemadas ante la viuda y Augusta, el Don Juan inacabado, que se publicó, y una gran caja. En ésta había trescientas miniaturas que Byron hacía pintar con los retratos de sus amigos que estimaba y de las mujeres que amaba. Cada miniatura-retrato estaba contenida en unos estuches de marroquinería; en color verde para los familiares, en color azul para las amistades, y en color rojo para las amantes. Concluye G. T. di Lampedusa, el autor que nos ha acompañado durante esta biografía: “El estuche de la miniatura de Augusta es verde, porque ella formaba parte de la familia. Pero está forrado en rojo.”

Herencia de un arquetipo

Cabe decir algo más: el manifiesto o arquetipo del vitalismo romántico en Byron, se heredó, desde finales del siglo XIX, hasta las décadas más expresivas e irreverentes frente a la sociedad establecida, durante el siglo XX, en escritores como Oscar Wilde, Henry Miller, Jean Genet, Ernest Hemingway, la literatura “existencialista-beat“, o en artistas de rock como David Bowie, actores como Marlon Brando, por poner algunos ejemplos, y con dos diferencias respecto a la época del Romanticismo: los medios de comunicación de masas ya consolidados, y la ironía del descreimiento y el juego, con la que también se podía llegar a morir -y revivir- en la batalla por “lo sublime”.

2 pensamientos en “Lord Byron por Giuseppe Tomasi di Lampedusa

  1. Un texto muy interesante que crea la necesidad de conocer el libro de Lampedusa y, por supuesto, la obra de Byron.
    ¡Enhorabuena!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s