Narciso y Lezama Lima


Narciso y la búsqueda de la unidad en Lezama Lima

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conócete a tí mismo


“Queremos placer permanente, perpetua satisfacción; y a ello le damos el nombre de verdad, Dios o lo que sea”

“Si buscáis satisfacción permanente y le llamáis Dios, o la verdad, o lo que sea -el nombre no interesa- ante todo debéis comprender aquello que buscáis, ¿no es así? Cuando decís “busco felicidad permanente” (Dios, la verdad o lo que sea), ¿no es preciso también que comprendáis al que busca, al buscador, al investigador?”

“¿Acaso el conocimiento propio nos llega siguiendo a otra persona, perteneciendo a alguna organización en particular, leyendo libros, etc? Después de todo, ése es el principal problema: que mientras yo no me comprenda a mí mismo, no tengo base alguna para el pensamiento, y toda mi búsqueda será en vano. Puedo escapar hacia cosas ilusorias, puedo huir de la contienda, del esfuerzo, de la lucha; puedo adorar a otro; puedo buscar mi salvación a través de otra persona. Pero mientras yo no me conozca a mí mismo, mientras no me dé cuenta de mi propio funcionamiento, no tengo base alguna para el pensamiento, para el afecto, para la acción. Pero eso es lo último que deseamos: conocernos a nosotros mismos

(Krishnamurti)

http://www.jiddu-krishnamurti.net/es

 

Obstinación


Bildnis Hermann Hesse. Brustbild. Tempera auf ...

Bildnis Hermann Hesse. Brustbild. Tempera auf Kart. Ca. 33,5 x 27,5 cm (Photo credit: Wikipedia)

Eduardo Beltrán Jordá

En el pensamiento de Hermann Hesse reposan muchas de las constantes de una forma de idealismo-existencialismo, el de aquellos que siempre entienden que solamente queda ser amantes de nuestra alma, inteligencia y naturaleza inexactas, erráticas, imperfectas. Es decir, entender las dualidades sin tragedia, estando, permaneciendo, entre el mundo de la vida, la vida del tiempo y el camino del presente, que son y “participan” del camino del espíritu.

Hesse es el antecesor y el germen de la contracultura de las décadas 50 y 60 (beatnik y hippy), y ayuda a tener sentido al hinduismo y budismo zen en Europa y Norteamerica, durante ese período.

Hesse propuso la práctica de la obstinación, como aquella virtud de obediencia al propio sentido, de lo verdaderamente humano y a la vez de lo divino. Supeditarse y sucumbir a la estrella trágica del destino, es propio del héroe, el único que está dispuesto a seguir su propio sentido. No es de extrañar que el romanticismo europeo renaciera en la segunda posguerra mundial dado el idealismo (irracional, en el sentido espiritual) de Herman Hesse. Sera el humanismo de la fuerza vital interior en crecimiento, inmarcesible a subordinaciones y complementos auxiliares y ajenos, aquellos sucedáneos, desconfiados -como son la política, el dinero y el poder-, del proyecto espiritual, fiable, de cada ser humano.

Más información:

VICENT, M. (2009), Hermann Hesse. Cómo aprender a volar, El País, 28-II-2009.

disciplinas sin ego


“…¿cuál es entonces la función del yoga, de la meditación zen, de la oración contemplativa cristiana y de la psicoterapia? Porque todas estas disciplinas parecen ser caminos sistemáticos de autorrealización, de transformación de la conciencia a fin de poder ver con claridad que el ego separado y enajenado no es más que una ilusión que nos distrae del conocimiento de que lo único que existe es el fundamento eterno de todo ser.”

Alan Watts, Memorias (1915-1965), Kairós, p. 130-31.

zen


” … el zen -en chino Ch’an- es una escuela budista que nació en China entre los siglos VI y el VII y se desplazó a Japón en el siglo XII. Se trata de una práctica que, como todos los enfoques budistas, apunta a liberar la mente de su confusión habitual que la lleva a identificar las palabras, las ideas y los conceptos con la realidad misma, y de todos los problemas y conflictos emocionales generados por esta confusión. Desde este punto de vista, el ego, el tiempo, el cuerpo, la vida y la muerte son meros conceptos que no tienen más ni menos realidad que los números o las medidas abstractas, como las pulgadas o las onzas, por ejemplo. Según el zen, esta libertad no depende de un proceso de aprendizaje gradual y acumulativo sino que implica un salto intuitivo que tal vez no sea posible hasta haber practicado largos períodos de meditación que permitan que la mente se asiente, clarifique, y ponga fin a la interminable cháchara que continuamente tiene lugar en el interior de nuestra cabeza. Los koans se basan en anécdotas sobre las enseñanzas en forma de preguntas y respuestas de los antiguos maestros y están orientados a que uno deje de pensar. Los monjes zen -o, mejor dicho, los seminaristas zen- fueron artistas, poetas,arquitectos y jardineros muy fecundos que dejaron una impronta indeleble en las culturas china y japonesa. La enseñanza del zen siempre ha estado abierta por igual a hombres y mujeres …”

Alan Watts, Memorias (1915-1965), Kairós, p.126.