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Cavernas cinematográficas


Foto: (panso)

 

Eduardo Beltrán Jordá

Cierran salas cinematográficas habitualmente cotidianas en nuestras ciudades, sobretodo los cines en versión original; se imponen las descargas y la piratería; no se reinvierte en creatividad porque no se paga la legalidad de los derechos de autor; no se distribuye ni consume cine diversificado aunque la realización no parezca disminuir, y a penas llegan películas europeas de autor a los cines españoles; posible disminución de público por la situación económica generalizada; lacerantes impuestos a la cultura; Hollywood amenaza de nuevo con el 3D como síntoma de algún tipo de decadencia en la industria. Estos son algunos de las características de la actualidad en el cambio de consumo y visionado de cine.

Sin embargo, nacen páginas en la Red de cine pay per view; parece cumplirse de nuevo ese “axioma” que destaca la creatividad artística en contextos socioeconómicos de transición, cambio o decadencia; el “cine invisible” (no estrenado, no distribuido por canales antes convencionales, ahora anticuados) es muchísimo mayor que el que se estrena en pantallas; veo florecer el cine de animación, y su industria parece el futuro del lenguaje cinematográfico. La imaginación artística (fantasía y creatividad), sobrevive siempre en el ser humano: la esperanza.

Volvamos al riesgo. De seguir así es posible que nos podamos preguntar dónde quedará la ancestral actitud del retorno a una caverna no tanto antropológica como sociológica y psicológica; donde actualizaremos la metáfora -cuando acudimos al cine- por la cual transformamos o representamos -codificando- la realidad, demasiado ardua e insensible como para enfrentarse a ella constantemente; un retazo de rito que nos queda vinculado a la vetusta tradición de escuchar la oralidad de la imaginación en las cuevas prehistóricas. ¿Dónde hemos de fabular o sublimar nuestra propia necesidad de sustento pragmático, sino en las cuevas cinematográficas transformadas en una gramática metafórica? (1).

Segun Hans Blumenberg (1958-1996), la metáfora de la caverna (la sala de cine en nuestro caso) representaría la inquieta urgencia del hombre en la certeza (el cine, un refugio de significados narrativos, iconológicos, psicológicos, sociales) frente a la incerteza (la realidad absoluta fuera de la caverna). En fin, las historias que ilustra el cine en virtud de su imaginario virtual dentro de la sala de proyección o cueva, servirían para evadirse de la realidad (seguridad psicológica para el espectador), que en todo caso es extraña de soportar y extenuante de analizar. La ficción considerada como costumbre institucionalizada, liberaría al ser humano, de un mundo “prepotente”, “indiferente” y “sin sentido”, según palabras de Franz Josef Wetz (2).

La capacidad para el lenguaje figurado, retórico o metafórico, ha sido la única empresa (junto a la tecnología) para la cual el hombre ha sabido comprometerse de lleno intelectualmente. Este mito entorno a la identidad del ser humano entre la frialdad radical de su entorno realista (muerte, tedio, tragedia, violencia) y su protección (las cavernas culturales) lo estudió Hans Blumenberg en Salidas de caverna (Antonio Machado, 2004, ed. or. 1989). Sugerente trabajo para entender que las “metáforas absolutas” han surgido debido a grandes preguntas sin respuesta, que han escapado históricamente de las explicaciones filosófico-racionales del ser humano. Según Blumenberg la cultura nos defendería de nosotros mismos y nuestra incertidumbre, y nos ordenaría en instituciones y entidades culturales (la cultura es repetición y aprendizaje: costumbre) mediante las cuales todo lo ajeno a su regulación de la vida, sería excluido. Un verdadero gabinete de “apoyo”, “fiabilidad” y “orientación” frente a la desconfianza, la duda y el despropósito del mundo.

Yo no me resisto a no entrar en la oscuridad de una caverna donde las únicas luces son las del cinematógrafo que proyectan muchas copias y sombras (al modo platónico, lo no verosímil de la verdad), pero en ocasiones, tan crudas como la necesidad del ser humano. El arte de la metáfora cinematográfica, del cine como sala oscura donde se representa un “algo” figuradamente con un lenguaje tecnológico, sigue siéndonos útil. Una caverna oscura del cine es una gran metáfora sobre nuestra insatisfacción como seres de conocernos limitados antropológicamente, pero a su vez fabular esa tensión constantemente.

Así pues, acudiremos al cine para obtener la seguridad de que seguimos recurriendo a un paliativo del dolor y la rareza vital, que hemos construido socialmente y culturalmente para tal fin. La metáfora del cine es la imagen de nuestra vida; un lugar lleno de nuestras imágenes. El cine es aquella posibilidad metafórica que sustituyendo la filosofía nos devolvió al hilo evocativo, interrumpido pero constante, de Scheherezade.

Hace aproximadamente diez años, vi desaparecer cines con sala única, de gran acogimiento, pantallas casi de cinemascope. Ahora estoy viendo desaparecer cines de versión original, de varias salas, de acogida baja, con pantalla pequeña. ¿Apagaremos todas las luces que nos siguen llevando en la oscuridad hacia las variadas catarsis, a las sublimidades de nuestros atávicos miedos, hacia lo bello y lo siniestro? ¿Desaparece el cine como “caverna cultural”?

***

(1) Los métodos de exhibición tradicional, el ‘modelo Lumière’ (sala oscura, el consumo colectivo de una copia singular), con similitudes a una ‘caverna cultural’.

(2) Blumenberg, H., (1996), La modernidad y sus metáforas, Valencia, Edicions Alfons el Magnànim-IVEI.

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