cubismo en el ‘ramonismo’


“La persistencia en llamar naturaleza muerta al bodegón, elevó hacia lo abstracto esa categoría de cuadros, y los pintores, en vez de bodegoneros, se convirtieron en disecadores especulativos.

El comedor moderno estaba lleno de otras preocupaciones que el comedor antiguo, y sus cuadros tenían que ser, más de que solaz redundante de sobredigestión y de sobregula, superior situación de los objetos, capacidad espacial mayor, que cultivase la superior persuasión de lo creado.”

“En ese escalofrío moral que hay en leer ‘naturaleza muerta’ había una lección, que sólo dan los objetos de composición y esos cuerpos estructurales en que se revela la pedagogía de lo poliédrico.

Por fin nos dispusimos a entrar en una era de ascetismo pictórico, encarándonos constantemente con nichos de naturalezas muertas. Ninguna época como la nuestra, y nadie como algunos de nosotros, que hayan sido tan sufrientes y resignados, reconociendo la necesidad de ser mártires para lograr ser más modernos, resistiendo todos los ejercicios de sugestión para ver si pasamos a mejores segundos términos. Hemos estado mirando las estampas cubistas durante años para obtener las imágenes de la sugerencia.”

“Con la botella alta de hombros comenzó a emborracharse el cubismo, sorprendiéndola como si fuese el gato de laa cosas entre las cosas, como la señal de la juerga abstracta sobre la partida de defunción de los cuadros, defunción que declara su remoquete de ‘naturaleza mierta’.

Redomas de arte, frascos de la botica del arte, son las guardianas entre la plasticidad material y la inmaterial.

Amasan el espacio y cometen el acto mágico de encerrarlo en ellas, convirtiéndole en veneno de emulaciones.

La botella es el objeto más puro de proporciones mórbidas y rotundas.”

Ramón Gómez de la Serna (1975), ‘Botellismo’. En: “Ismos”, Madrid, Guadarrama, p. 310-329.

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Pablo Gargallo: el volumen de un espacio creativo


Eduardo Beltrán Jordá

Desde el punto de vista del espectador, nunca antes la escultura había sido tan lúdica como en las sugestiones formales de la recreación figurativa que efectuó Pablo Gargallo en el primer tercio del siglo XX. Solamente Julio González le complementa desde la forja del metal, en este período, proporcionándonos una motivación dirigida a averiguar qué figuras de nuestra realidad envolvente, guardan verosimilitud imaginativa, con las formas materiales escultóricas, pero desde su ejecución abstracta. Es decir, en el modo en que guardan un trasunto de lo que llamamos materialidad física o realidad. Sigue leyendo