El fracaso de Ortega y Gasset


El fracaso de Ortega y Gasset

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Velázquez en Ortega y Gasset


Eduardo Beltrán Jordá

Velázquez, que según los que le conocieron, era de temperamento melancólico, no creía que los valores convencionalmente loados -la belleza, la fortaleza, la riqueza- fueran lo más respetable del destino humano sino que más allá de ellos, más profundo, más conmovedor se hallaba  el valor -más bien triste y aún dramático- de la simple existencia.

El ‘naturalismo’ de Velázquez consiste en no querer que las cosas sean más de lo que son, en renunciar a repujarlas y perfeccionarlas; en suma, a precisarlas. La precisión de las cosas es una idealización de ellas que el deseo del hombre produce.

(José Ortega y Gasset, Velázquez, Madrid, Espasa Calpe, 1999, p. 230-34)

Retrato de desconocido (Velázquez)

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La reviviscencia de los cuadros: ¿estética o historia del arte?


De manera formal no cabe, … contraponer una contemplación puramente estética a una contemplación histórica del arte. El que cree practicar aquélla hace, sin advertirlo, uso de ésta, salvo que se contenta con la cantidad de historia que buenamente tiene en la cabeza. Inexorablemente, una vez que despertó en el hombre el sentido histórico, toda contemplación lleva consigo la óptica histórica: el objeto del pasado se ve como tal, localizado en su efectiva lontananza. Viceversa, la visión histórica del arte es siempre también estética, y aún habría que decirse que en cierto modo implica toda una serie de “vistas” estéticas de la obra, todas las que corresponden a los diferentes estados por que ha pasado. Precisamente es éste uno de los enriquecimientos que trae consigo provocar la reviviscencia de los cuadros.

Ortega y Gasset, J. (1999), “La reviviscencia de los cuadros”. En: Velázquez, Madrid, Espasa-Calpe, p. 97.